El lujo de la violencia

- 12 de diciembre de 2018 - 00:00

Hace algunos días circuló un video donde se ve a un hombre con un arma blanca amenazar a un grupo de policías. En un punto, el hombre comienza a lanzar piedras a la Policía, a lo cual la Policía responde lanzando piedras al hombre. El hombre sale corriendo, y la Policía sale corriendo atrás de él. El pie del video sugiere que el hombre se escapa, y hace una burla de la incapacidad policial (4 policías armados contra un hombre y su cuchillo) y la impunidad.

Las respuestas al video fueron variadas, pero todas mantenían una tónica similar: se necesita más violencia. Se necesita una policía que saque sus pistolas y dispare a matar. Se necesita una policía “como la gringa, donde no pasan esa cosas”. Eventualmente la misma Policía Nacional aseguró que el hombre del video fue aprehendido.

La Policía, como institución, es casi indefendible. Su historia está plagada de atropellos, abusos, ineficiencias e insurrecciones. Es bastante alegre para repartir toletazos a gente protestando, tiene fama de ser corruptible, ejerce desmesurado poder contra los débiles, pero mesurado en demasía frente a los poderosos. Es una institución que carece de respeto ciudadano porque ha hecho poco para ganárselo. Pero, a pesar de todo, prefiero una policía que corre detrás de un delincuente con la música de Benny Hill acompañando, a una policía cuya primera reacción es lanzar a matar.

Sin duda yo también siento indignación al ver este comportamiento. Yo también quisiera ver más autoridad cuando una mujer borracha maneja con un policía en su capó por quince cuadras. Y también quisiera una policía sensible, donde llamar al 911 no sea un delirio burocrático sino una solución efectiva.

Pero la solución a nuestros problemas no puede ser la aplicación de violencia letal. El respeto a la autoridad no puede ser ganado con sangre. La delincuencia no disminuirá ni estaremos más seguros porque más gente porte más armas. Es problemático que, últimamente, nuestras reacciones sean -por default- en favor de la violencia. En el país de los Roditti, de los general Torres, de los “tú no sabes con quién te has metido”, no nos podemos dar el lujo de más violencia. (O)