La razón de la violencia

- 18 de noviembre de 2019 - 00:00

Seguramente todos se han preguntado el porqué de la violencia desencadenada ahora último en la región.

Así muy rápido pensemos: ¿se adjudica la violencia como inherente al ser humano? ¿como una especie de fuerza egoísta que causa sufrimiento y es causada por el sufrimiento? Pero la violencia también viene del crimen organizado, de la delincuencia o de la incitación de un tonto a otro.

Sin embargo es difícil determinar las causas de “las violencias” en Latinoamérica. No es la misma la de Chile, que la de Ecuador o la que experimentó Bolivia, entre otras. Cada una tiene su nivel de complejidad para lo cual, habrá expertos dedicados a este estudio.

Así que cualquier opinión, fuera de la dinámica social que se entrama en una determinada sociedad, es absurda y aquí intento no caer en esa torpeza.

También es un absurdo tomar posturas sin entender las lógicas foráneas. Las pasiones pueden atacar a la lucidez e incluso a la avidez de los jóvenes y adultos que ni hacen el esfuerzo de pensar y que engañados suscriben a “causas justas”. Pero no llegan más allá que a ser parte de la masa acéfala y a veces brutal: brutos y violentos que luego quieren gobernar.

Me gustaría llegar a un consenso con el lector y ese sería que cualquier acto de violencia es repudiable… vale decirlo más aún cuando cualquiera de nosotros tiene el poder de ejercerla a un otro. Mejor examinémonos dónde ejercemos violencias. Lo logramos simplemente al ver cómo es nuestro trato hacia otros.

Un ejemplo hipotético: en una llamada manifestación social, ¿no es violencia obligar a tus iguales a cerrar sus respectivos negocios para que se unan a “la causa”, a costa de amenazas?

De aquí que se habla de terrorismo y definámoslo como “la causa” de grupúsculos que detentan una ideología para someter a otros a sus intereses a través de la violencia.

El poder de la violencia debe estar en manos del Estado, ejercida desde el Derecho, porque si no, cualquiera nos podría partir la cara por la razón que le dé la gana. (O)