Violaciones en grupo

- 19 de abril de 2019 - 00:00

Hace cuatro meses conocimos, con estupor, cómo Martha fue salvajemente violada por tres hombres, dos de los cuales eran hermanos entre sí y amigos de la mujer. Fue un delito flagrante, en el lugar había manchas de sangre en paredes, en los extremos de un taco de billar, de una botella de cerveza, en un vaso, en las prendas de vestir de los hombres.

Es un caso de violación grupal donde la apropiación del cuerpo de esta mujer significó “una conquista victoriosa” de tres hombres que no tuvieron reparo en fotografiar y grabar en video la agresión misma y hasta llevar consigo la ropa interior de la víctima como trofeo.

Según la literatura internacional, las violaciones grupales son perpetradas por aquellas personas cuyo sentido de pertenencia, su reputación, así como el sometimiento al líder, son relevantes. Por supuesto que las drogas y/o el alcohol tienen un efecto amplificador disminuyendo el ya escaso control que tienen sobre sus impulsos.

Esa misma literatura internacional dice que el primer motor de este tipo de violencia es la misoginia y el machismo, donde la mujer merece el desprecio del grupo y es vista como material desechable. No se dan este tipo de agresiones en contextos sociales donde no opere este rasgo cultural.

La violación individual o grupal tiene poco de sexual y mucho de agresión, pues lo que persigue es el terror y la dominación de la mujer. Tiene, también, un alto grado de premeditación. Eligen a la mujer, la siguen, la drogan, buscan el momento de mayor vulnerabilidad y la atacan.

La impunidad percibida y la falsa creencia de una supremacía moral masculina están detrás de estos actos, no la indumentaria, no la actitud o cualquier otra causa atribuible a las mujeres.

Buscar atenuantes del delito pensando que la mujer propició su violación no solo deja de lado la intención previa y perversa de violarla sino que, como sociedad, vamos construyendo mitos culturales que anulan la integridad femenina al aceptar actos atroces frente a los cuales no cabe justificación alguna. (O)