El placer de viajar

- 08 de septiembre de 2018 - 00:00

Los viajes, sobre todo cuando los destinos constituyen otras culturas, son profundamente excitantes y enriquecedores; aunque pueden estar llenos de sorpresas y situaciones graciosas, que luego servirán para tu archivo de las pequeñas vergüenzas.

Lo más común es que vayas a los baños y no entiendas jota de cómo funciona un simple mecanismo de activación del dispositivo de agua: algunos son automatizados y no debes hacer nada; pero en algunas culturas no occidentales, por ejemplo, siendo mujer tienes que orinar de pie, y esa es una buena experiencia, aunque no sabes bien cómo hacerlo una primera vez.

Otro tema de fondo es el idioma, por ejemplo, cuando piensas que hablas más o menos inglés, como para que te entiendan lo básico, pero resulta que nadie te entiende, así puede ocurrir tanto en China como en Estados Unidos. O cuando preguntas algo en inglés en Francia, pero te contestan muy enojados en francés, claro. O en Rusia, el alfabeto cirílico no te permite entender nada, y no suele haber señalización en inglés, por lo que es fácil perderse todo el tiempo.

Para las mujeres suelen presentarse situaciones particulares en los países musulmanes, las mezquitas son lugares obligados de visita, y hay restricciones de vestuario y de acceso a ciertas partes. Si es verano y se te ha ocurrido ir en falda o short, debes tapar no solo tu cabeza, sino también tus piernas; luego del esfuerzo en hacerlo, aunque sea por poco tiempo, se provoca una gran decepción cuando no puedes acceder a la parte más hermosa de la mezquita, reservada a los varones.

Otra dificultad está asociada con el ritmo del viaje siendo tour, o igual si lo haces libremente; visitas montón de lugares y sitios, y luego no sabes bien dónde mismo estuviste ni a qué lugar corresponden las fotos que tomaste. Has confundido todo, pero el placer de ver ese canal de agua, ese atardecer, la pintura en ese museo, o la arquitectura de ese pueblo, o los rasgos fenotípicos de la gente, su forma de relacionarse; todo ello es inolvidable.

Viajar es un placer que tiene sus costos, que no son solo económicos, sino también de ocio y descanso que se sacrifican, aunque suene paradójico; por ello se dice que luego de viajar uno debe tomarse vacaciones para descansar. Viajar supone mantener un ritmo bastante implacable de horarios y visitas. Viajar supone mirar y conocer todo lo diferente, probar todo lo diferente, escuchar todo lo diferente, por ello es una experiencia vital que debería ser democráticamente abierta y libre para todo ser humano, un auténtico derecho. (O)

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