Vayamos a lo mínimo

- 03 de octubre de 2020 - 00:00

La experiencia de estar recluidos nos lleva a tratar de abrir espacios para el uso diario en la casa y nos encontramos con mil objetos que se nos ponen al paso. Que el florero, la alfombra, la vitrina de miniaturas, las colecciones, las mesitas, los manteles de encaje, las vajillas, las copas, los souvenirs, la ropa. Están allí, hay que mantenerlos y, además, limpiarlos. Llega un momento en que sólo queremos deshacernos de ellos, nos pesan.

¿A qué hora fue que acumulamos tanta tontería? Muchos de los objetos que poseemos tienen significados para nosotros, nos traen recuerdos del viaje, de la casa de nuestros padres, de quiénes somos. Muchos también los tenemos exclusivamente para mostrar a nuestros visitantes. Otros para adornar y hacernos grata la vida rodeándonos y contemplando cosas bonitas.

Pero ahora estamos en otro momento. Necesitamos libertad, comodidad, espacio, movimiento, limpieza, claridad. Necesitamos poseer menos. Necesitamos volvernos minimalistas, es decir, vivir intencionalmente solo con las cosas que realmente necesitamos, esos elementos que apoyan nuestro propósito actual. Eliminar la distracción del exceso de posesiones para poder concentrarnos más en lo que más importa. Y lo que importa es que estemos tranquilos y que disfrutemos del bienestar que nos trae estar libres de preocupaciones y de objetos.

Nos hemos contagiado de la cultura moderna que nos dice que la buena vida se encuentra acumulando cosas, poseyendo tanto como sea posible. Pero eso contradice todo lo que vivimos cuando niños. En nuestras casas del Siglo XX se vivía con muchísimo menos y no por ello éramos menos felices. En nuestros hogares de nacimiento había probablemente el diez por ciento de lo que tiene ahora los hogares modernos.

Adoptar la vida simple te libera de la obsesión del shopping center, de la que afortunadamente parece que ya nos hemos empezado a curar. El estar libres de la carga de lo material nos deja el alma fresca para buscar el placer de lo sencillo. Nos hace valorar las relaciones, las experiencias, y nos permite tener tiempo para la introspección. Al hacerlo, encontramos una vida más abundante.

Dios quiera que las generaciones modernas puedan entender esto. Es necesario apagar esa pasión por poseer más cosas, pues eso significa esclavizarse o corromperse. Si optamos por la vida con menos cosas materiales, necesariamente trabajaremos con menos presión, buscaremos conservar solo lo esencial, iremos más despacio, consumiremos menos, estaremos mejor organizados y ordenados. Eliminar lo frívolo nos permitirá concentrarnos en lo significativo. (O)

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