El uribismo y el Mondongo Western

- 06 de septiembre de 2019 - 00:00

El exmilitar Jair Bolsonaro hace lo imposible para estar abonado a esta columna. Pero no hay voluntad de devenir biógrafo de semejante personaje. Al respecto, es preferible un respiro. Hay cuestiones más graves y urgentes por aquí cerca, como la militarización de la frontera colombo-venezolana decidida por Nicolás Maduro y la aceleración de las huestes uribistas para volver la guerra interna a foja cero.

Y es que el chavismo y el uribismo siempre se entendieron a la perfección en su propia lógica. Ahí está Álvaro Uribe, defendiéndose en la justicia y con declaraciones políticas, mientras su imagen surge, indefectiblemente, desafiante con dos pistoleras colgadas de la cintura para enfrentar a “los malos”, cuan Franco Nero del subdesarrollo, desde algún paraje de Tolemaida.

Después de todo, Uribe, amo y señor de una clase política a la que el país se le termina en el Parque de la 93, es un hombre exitoso. Fue el presidente reelegido consecutivamente y el primero que puede gobernar en la sombra, como lo hace en la actualidad. Sabe de armas y de sus menesteres.

De la misma forma que sabe de aviones: fungió como director de Aerocivil en su Antioquia natal, entre 1980 y 1992. Época en que todas las rutas aéreas paisas se dirigían a Estados Unidos y Centroamérica. Fueron los años del auge del cartel de Medellín y de su jefe, Pablo Escobar.

Y en verdad, en estas épocas de remakes de poca monta, bien podría el uribismo (cuenta con la estructura ideal) desarrollar una versión modernizada del spaghetti western. Protagonistas no le faltan. Actores de reparto tampoco. Maduro y Diosdado Cabello pueden ser candidatos al Óscar, si se lo proponen; y los colombianos de a pie aportarán, en los sets de filmación montados en las inmediaciones de Mompós, como extras esparcidos en el suelo.

De paso, se abriría una nueva era en la bienvenida industria cinematográfica colombiana. A la que el mundo, en el futuro, podría reconocer como Mondongo Western. Próximamente en las mejores salas. Después, recién después cuando el descalabro social encuentre su nuevo estatus, ahí recién podremos verlo por Netflix. (O)