La universidad ecuatoriana, en terapia

- 18 de septiembre de 2019 - 00:00

El gobierno de la Revolución Ciudadana apuntó a una reforma educativa de todo el sistema, incluido el de la educación superior. Transcurridos más de diez años, es claro y notorio que la reforma fracasó.

Muy poco se ha hecho hasta hoy para redireccionar y mejorar la calidad de la educación. Pese a la alta inversión realizada por el gobierno revolucionario, ninguna universidad ecuatoriana entró en el top 100 del ranking QS Quacquarelli Symonds, que evalúa a las 1.000 mejores universidades del mundo.

La universidad debe resolver los vacíos de la educación básica. Entrevistado un grupo de 100 estudiantes universitarios, tan solo tres habían leído una novela durante los últimos tres meses. Tampoco, ninguno de los estudiantes consultados visitó la internet con fines académicos.

La gobernabilidad también fracasó. Se escucha a varios profesores universitarios quejarse del chantaje de ciertos estudiantes que amenazan con llevar a sus profesores a los famosos comités de ética, los mismos que se asemejan más a los tribunales de la Inquisición que a espacios democráticos que apuntalan la calidad de la educación.

Las universidades redujeron los niveles de democracia interna y se vieron sometidos al chantaje y presión del Ministerio de Finanzas. Autonomía y gobernabilidad universitarias se fueron al tacho de basura.

De una reforma de la educación superior creada y supervisada por un régimen autoritario no se podía esperar más. Los profesores universitarios sufrieron una mutación de docentes a burócratas que deben cumplir con procesos administrativos que no necesariamente garantizan la calidad de la educación. Para ello, cada profesor es supervisado al menos por cuatro empleados administrativos.

La universidad ecuatoriana tampoco pudo cumplir con la meta de contribuir en un nuevo modelo de desarrollo. A lo mucho, con el nombre de vinculación con la colectividad, desarrolla proyectos -muchas veces- de carácter asistencialista. (O)