Uni Bomber

- 26 de agosto de 2019 - 00:00

¿Recuerdan a Theodore Kaczynski? el conocido “Unabomber”, de quien existe incluso una serie televisiva.
Aparentemente genio y terrorista, pero lo que termina siendo es un psicópata más; mató e hirió gente sistemática y planificadamente. Se lo recuerda por enviar cartas bomba sirviéndose del sistema postal estadounidense, haciendo su identificación y captura sumamente difícil. Lo importante es su detención, llevada a cabo si se puede decir, por un verdadero sistema de inteligencia y para rematar, su sentencia de cadena perpetua.

Aunque lo que escuetamente he narrado pasó a mediados de la década de los noventa, nos percatamos de que los Estados Unidos contaba ya con un sistema judicial y de inteligencia muy eficiente. ¿Y en Ecuador liberan maleantes el mismo día de su detención?

Hace poco, viendo una película filmada hace tres décadas, bromeaba con mi compañera de que el urbanismo y la tecnología que aparecía en dicho filme estaba mucho más adelantado a lo que nosotros tenemos hoy por hoy en nuestra ciudad. Es posible que esa realidad material vaya de la mano con el desarrollo intangible, es decir, lo social y lo subjetivo; la sociedad y sus individuos.

Acá no dan con los terroristas ¿o psicópatas? de la Universidad de Guayaquil, quienes juegan a ser delincuentes, que quién sabe si lo son, y no se los pueden capturar. En cualquier momento los daños de las bombas de la “Uni” Estatal cobrarán vidas inocentes, digamos, algún cristiano con el sueño de superarse, y ahí ¿qué hacemos? ¿a quién culpamos?

Justo salía de una cafetería aledaña al centro de estudios, ¿qué digo aledaña? estaba lejos y escuché el gran estruendo. Nadie de los alrededores se inmutó, como que si no fuera con nosotros. Como si ya se pudiera decir “otra bomba en la Estatal” y nada pasa.

Tan cierto es que todo psicópata sueña con hacer daño, que toda gallina sueña con maíz y que nuestro retraso cultural es proporcional a la inoperancia que desemboca en donde parece que estamos: tierra de nadie. (O)