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El Telégrafo

Una crítica que no teme

22 de abril de 2011 - 00:00

Voy a utilizar este espacio para practicar un ejercicio. Voy a criticar al Gobierno. Ejercicio que no será nuevo para mi columna pero que pretende demostrar, con sencillez, la importancia de las formas.

Comenzaré diciendo que la política exterior, como ya lo he dicho en varias ocasiones, es absolutamente deficiente, y, si la hay, carece de todo sentido práctico y se deja llevar muchas veces por la ideología, en un área donde lo que menos parece importar es la ideología. A pesar del desfile de cancilleres, no ha existido en ellos la capacidad para definir esta política y, además, cada uno se ha dado el lujo de entorpecer más los caminos de las relaciones internacionales. Esto sin mencionar al Vicecanciller, que siendo una gran persona (me lo aseguran varios familiares), no termina de convencer: un día Assange es ciudadano ilustre, el otro resulta ser persona non grata. 

Por su parte, el trabajo desempeñado por el Ministerio de Educación para definir el bachillerato único muestra varias incompetencias. Muestra deficiencias en la organización, en la planificación y en la gerencia de un proceso que debe ser llevado a cabo con la más alta rigurosidad y sin tantas improvisaciones: es el futuro de nuestros hijos. Un modelo de bachillerato extremadamente rígido, con considerables incongruencias y cuya aplicación limita a los aptos e imposibilita a los deficientes.

También es importante anotar que existen muchas actitudes del Presidente con las cuales discrepo. Parece que el Presidente no termina de comprender que a veces es mejor sacrificar a un ministro, asesor, subsecretario, etc., antes que su propia imagen. Ciertos exabruptos  terminan siendo noticia dejando de lado lo importante. Su temperamento se ha convertido en el  catalizador de una prensa ávida de estas manifestaciones, cuando, más allá de si tiene o no razón de ello, resulta más importante el trabajo bona fide y los procesos que se llevan a cabo en la gestión.

Esa es mi crítica. No es completa. Ni mucho menos infalible. Es una crítica que viene desde la subjetividad y que no busca ser la verdad absoluta. Es una crítica abierta al debate. Es una crítica hecha con respeto, sin presunciones ni comentarios malintencionados. Es una crítica que no se rasga las vestiduras, no deja páginas en blanco, que no insulta, que no menosprecia. Es una crítica que no asume, que no inventa, que no presume. Es una crítica por la cual me responsabilizo y de la cual no huyo y,  por eso mismo, es una crítica que no teme.

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