Trayectoria

- 13 de enero de 2019 - 00:00

El ejercer un cargo de alto nivel implica la necesidad moral de hacerlo muy bien. Lo mismo puede decirse para todo cargo, en cualquier nivel de jerarquía, con la diferencia de que, en cargos de menor responsabilidad, el desempeño inepto es menos deletéreo.

La suficiencia ejecutiva, el conocimiento sustancial, la sapiencia y justicia decisionales son deseables en cualquier líder en el ámbito público o privado y, si bien es verdad, algo de ello está determinado por talento natural, la mayor parte de la calidad depende del estudio organizado, sistemático y enfocado; de una experiencia adquirida a lo largo de los años en cargos de responsabilidad creciente, bajo supervisión; de la autonomía progresiva ganada a través del prestigio y los resultados.

Durante el correísmo vimos cómo la improvisación se constituyó en sistema. Observamos cómo, a pretexto de dar espacio a los jóvenes, se puso en cargos importantes a mozalbetes porque tenían M.Sc o Ph.D; miramos cómo se otorgaron puestos de alta responsabilidad a individuos que no tenían idea de los temas que dirigían; advertimos cómo se puso a presidir áreas fundamentales a personajes con carencia absoluta de experiencia.

La gran trayectoria anticipa éxito en un cargo de relevancia; la ausencia de trayectoria garantiza el fracaso. Quien escoja una profesión y aspire a político debe haberla ejercido, con éxito y por años, demostrando que, en el ámbito de su vocación, es competente. Aunque ejemplos de estos comentarios abundan, me referiré a dos para contrastarlos con un tercero: Winston Churchill y Julio César Trujillo.

Aunque la influencia histórica y global de ambos es muy diferente, los dos han sido hombres de trayectoria incuestionable. Ambos, excelentes en el ejercicio de su profesión, tuvieron una larguísima vida política y su calidad moral y sapiencia enaltecieron los cargos que ocuparon con dignidad y suficiencia.

En contraste, quien hoy perora desde una buhardilla en Valonia, apenas si ejerció de economista y cuando lo hizo, disponiendo de todos los poderes, fracasó olímpicamente como hemos constatado.

A algunos, los cargos de Presidente o de ministros de Estado les llegan sin acreditar una trayectoria y los resultados son nefastos. Pensémoslo antes de consignar nuestro voto. (O)