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Fausto Segovia Baus

Transformación de la escuela: reto inevitable

19 de mayo de 2021 00:00

En más de una ocasión me han preguntado sobre cómo romper el círculo vicioso de la mediocridad y la búsqueda de un nuevo espacio para la reforma integral del sistema educativo. He contestado que es la transformación de la escuela. Hoy deseo fundamentarla.

La escuela nació en Grecia y Roma, en la antigüedad, y se consolidó en la Edad Media y luego en el Renacimiento en los albores de la modernidad. El arte, la ciencia, la música, la lectura y la escritura eran parte de un proceso de formación de la paideia –educación de los niños-, que luego se profundizó con la creación formidable de Jan Amos Comenius, padre de la pedagogía: la didáctica.

Notables pensadores y pedagogos mejoraron la escuela, la enseñanza y los aprendizajes. Y no pocos –como Iván Illich, pensador austríaco- han intentado desescolarizar la sociedad, suprimir la escuela calificada como un centro de esclavitud, reclusión y repetición de saberes, donde se niega la equidad y se pervierte la justicia social. Un criterio rector de Illich fue que “…para la mayoría de los seres humanos, el derecho de aprender se ve restringido por la obligación de asistir a la escuela”.

No se trata de llegar a extremos como Illich, o Marshall McLuhan –el pontífice de la comunicación con su “Aldea Global”- quien sostiene que, en su mayoría, los aprendizajes se obtienen de manera casual y fuera de la escuela. ¿La escuela es el lugar equivocado para aprender una habilidad, destreza o competencia, y más aún un lugar equivocado para obtener educación?

Parece que no. Se necesita una verdadera transformación de la escuela, donde uno de los ejes fundamentales sea el autoaprendizaje  apoyado por relaciones sociales libres, que rompa con el esquema tradicional que convierte a los estudiantes en consumidores de conocimientos, que no les sirve en la vida. ¿Una sociedad convivencial, que permita la eficiencia sin avasallar la autonomía personal, ni suscitar amos y esclavos? ¿Una escuela como una auténtica comunidad de aprendizaje?

El reto inevitable de la educación ecuatoriana es la transformación radical de la escuela. No solo de su espacio e inmovilidad “bancaria” –como decía el pedagogo brasileño Paulo Freire- que reprime a los estudiantes, sino una nueva actitud de los profesores y padres de familia –también aprendices- refrendados por nuevos saberes didácticos –hoy fortalecidos por las tecnologías de información y comunicación-.

Desarmar la estructura institucional de la escuela, y sobre todo las estructuras mentales de la sociedad –incluidas las de los docentes- no será tarea fácil. Pero hay que intentarlo. (O)

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