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El Telégrafo
Ivanna Zauzich

Tiburón por corvina

18 de enero de 2022 00:00

Hace unos días se vivió una indignación masiva en redes sociales por un programa de TV, grabado en Colombia, en el que se retó a los participantes a cocinar animales protegidos en Ecuador como el tiburón, capibara, cocodrilo y venado. Esta polémica se diluyó, como casi todas las luchas que nacen en plataformas digitales, pero lo que sigue vigente es que comemos tiburón por corvina, sin escandalizarnos.

 

Sí, esa corvina apanada con la textura crocante exterior de la harina y el huevo, y su carne blanca firme en su interior, que probablemente sea un tiburón joven. Según datos de la WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) en Ecuador se consumen cerca de 4500 toneladas de tiburón y de esa cantidad un 66% se da en la Sierra. Pero ¿cómo es posible si son especies protegidas? La verdad es que el consumidor no se da por enterado, o no quiere saberlo. Tampoco quiere que le digan en un restaurante cuándo hay una veda porque debe cambiar su pedido y no cumplir su antojo.

 

Por ejemplo, desde 2019, entre mayo y junio, existe una veda de pulpo. En esos dos meses no debería haber este cefalópodo en los mercados, ni en las mesas de hogares y restaurantes, pero esto no se cumple. Somos esos consumidores que quieren comer siempre y sin descanso lo mismo y no damos espacio a la estacionalidad de las especies para que se reproduzcan.

 

Al igual que degustamos el pulpo en veda, comemos tiburón por corvina, aun sabiendo que el tiburón martillo, blanco, pardo y tres tipos de tiburón zorro son vulnerables a la extinción. La gravedad radica en que para que el sabor del tiburón se confunda con la corvina debe ser un tiburón joven, al que los mismos pescadores le llaman “corvinata” o “toyo”, y que no logra reproducirse, afectando la supervivencia de estas especies.

 

Somos los consumidores que se enojan en Twitter para defender a las especies protegidas de un programa de TV, pero luego no sabemos la diferencia entre una carne y otra, y así nos sirven tiburón por corvina, que comemos sin cuestionar.

 

Antes de enojarnos por un programa de TV que impulsa retos de cocina con carnes de animales protegidos, debemos entender la trazabilidad de lo que comemos y exigir transparencia por parte de la industria pesquera, para no seguir afectando la sostenibilidad de las especies. Asimismo, debemos dejar la comodidad de comer un mismo producto todo el año, entender la estacionalidad y canalizar la energía de queja que usamos en Twitter para conocer mejor de dónde viene lo que comemos, y respetar su entorno.

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