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Bernardo Sandoval

El suicidio de Alan García

21 de abril de 2019 00:00

El suicidio de Alan García, impactante desde luego, trae nuevamente a la escena la estela de corrupción promovida por Odebrecht. Cabe preguntarse por qué se suicida. ¿Acaso por no soportar la injusticia de la que iba a ser víctima, si, en efecto, era inocente? o ¿acaso por no soportar la vergüenza de que se le compruebe actos de corrupción si los hubiere cometido? Probablemente no lo sabremos pero, sin duda, poco apego a la vida en uno u otro caso.

¿Qué tan dramáticas pueden ser las circunstancias que motivan un suicidio? Evidentemente, graves desde la óptica del suicida. El 90% tienen una enfermedad mental, sea trastorno depresivo mayor, bipolar, esquizofrenia o diversas adicciones. No obstante, hay un 10% de suicidas en quienes no se ha conocido una mal psiquiátrica.

Personajes públicos se han suicidado y siempre la noticia causó conmoción: Robin Williams, Anthony Bourdain, Avici, Ernest Hemingway, Salvador Allende, entre otros. Aunque la mayoría tuvo un trastorno psiquiátrico desencadenante, en una minoría, el suicida procede a quitarse la vida al no poder soportar la injusticia y la frustración.

El doctor René Favaloro, un cirujano cardíaco argentino, pionero en la cirugía de las arterias coronarias que, habiendo sido una estrella en Cleveland regresó a su país para desarrollar la cirugía cardíaca en su terruño. Creó una fundación en la que entrenó a decenas de cirujanos de la región y ayudó a miles de pacientes pobres.

Cuando el Estado le exigió pagos indebidos para saldar la deuda, Favaloro, en la miseria y sin poder continuar su encomiable trabajo, se mató con un disparo en el corazón. La frustración y la impotencia ante la corrupción del gobierno pudieron más que el deseo de luchar.

García buscó asilo en Uruguay y Colombia, sin resultado y, ante el fracaso dijo que nada había que lo incrimine; no obstante, cuando iba a ser arrestado se suicidó. Penoso desenlace para un hombre inteligente e influyente en el ámbito regional y en la huella de Odebrecht, omnipresente. No sabemos si fue la injusticia o la vergüenza lo que motivó el suicidio. Quizá nunca lo sabremos. (O)

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