Solidaridad con Venezuela

- 04 de marzo de 2015 - 00:00

Hace algún tiempo escribí un artículo sobre Venezuela, su contenido tiene plena vigencia y son mayores las evidencias de la contrarrevolución en marcha, con apoyo mediático internacional y sus ‘analistas’ y caricaturistas de todo pelaje, al servicio del poder oligárquico.

Cada día está más clara la agresión del Gobierno de EE.UU. y la CIA a la Venezuela bolivariana y el proceso revolucionario que se lleva a cabo desde hace 15 años, que lo iniciara Hugo Chávez y lo mantiene el PSUV con la presidencia de Nicolás Maduro, con el voto popular, derrotar a Capriles, instrumento imperial.

Maduro ha sido consecuente con la lucha y memoria de Chávez, por sobre todo conduce el gobierno con el apoyo colectivo y la decisión del PSUV. El imperio y sus secuaces de los grandes medios, así como los poderosos empresarios venezolanos y sus organizaciones políticas, han desatado una campaña para desprestigiarlo: cualquier pretexto es utilizado; lo importante es crear condiciones para el objetivo permanente del golpe de Estado, buscando interferir el proceso de la Revolución Bolivariana que lleva 15 años y ha sufrido toda clase de interferencias.

Los grupos oligárquicos y fascistoides cumplen su plan siniestro, utilizan todos los medios: mienten, garrotean, incendian y matan. Los ‘estudiantes’ -y muchos lo serán- utilizan bombas y armas de fuego para su protesta ‘democrática’; hay mercenarios infiltrados para crear el caos. Las bases bolivarianas y socialistas se mantienen en pie de lucha, junto a las FF.AA. bolivarianas en defensa de la revolución. Allí se triunfa o se muere. Se sabe con claridad que el enemigo va hasta el final; las experiencias históricas así lo enseñan. Basta recordar a Cuba, el Chile de Allende, la Nicaragua sandinista y otros países invadidos y agredidos, al igual que en otras tierras del planeta, Irak, Libia, etc.

El tema central: el petróleo y gas. Venezuela es el país con mayores reservas del planeta y las trasnacionales del imperio quieren retomarlas; a ello se suma la solidez del proceso y las cohesión del PSUV junto a bases populares organizadas y organizaciones sociales dispuestas a luchar hasta el final, para que la partidocracia venezolana, traidora y sumisa, no pretenda volver a festinar el petróleo que fue atracado y manejar la economía sobre la base de la especulación y el despilfarro, descuidando la producción, importando todo, convirtiendo a Venezuela en el país de los enlatados y ensambladoras, masificando la miseria de las masas y repartiéndose el poder entre adecos y copeianos, es decir la misma trinca con diferentes membretes.

Mientras Unasur busca ayudar coadyuvando al diálogo -que los fascistas rechazan, porque su objetivo es la salida del presidente-, EE.UU. atrevidamente advierte y amenaza con ‘sanciones’ y demanda diálogos y respeto a los ‘pacíficos’ opositores golpistas. El imperio, su fuerza bruta, puede cambiar el rumbo del proceso; por ello, hay que defenderlo, rechazando la agresión. Es una postura firme, histórica, latinoamericana y bolivariana.