Ximena Ortiz Crespo

Sobrecalificados

24 de octubre de 2020 00:00

En países como el nuestro, una parte importante de la fuerza laboral está capacitada y educada más allá de lo necesario para los trabajos que desempeña. La sobre-calificación se ha vuelto cada vez más común porque nuestros profesionales acceden a niveles de educación más altos, estudiando en el país o en el exterior, que lo que hacían los profesionales de antaño. Deberíamos medir este fenómeno a nivel nacional.  La tasa de sobre-calificación se define como la proporción de personas con estudios superiores que trabajan en un puesto establecido en la clasificación internacional de ocupaciones de OIT que requiere destrezas y habilidades inferiores a la que tiene el empleado.

Si bien la sobre-calificación puede tener efectos positivos obvios, como que un empleado se desempeñe de mejor manera, puede también resultar en que la persona que busca empleo tenga expectativas salariales más altas que las que encuentra, se sienta menos satisfecho cuando acepta un empleo y una vez que está desempeñando el puesto asignado, esté esperando una oportunidad para dejar ese puesto en aras de conseguir uno mejor. Esto sucede con frecuencia en el Ecuador y es un problema económico y social.

Hay muchas razones por las que la sociedad puede producir más educación que la que el mercado laboral requiere. La demanda de estatus social o las barreras de ascenso social que tiene una sociedad (el social closure al que se refería Weber), son también causas para la búsqueda de adquirir mejores niveles de educación. En el Ecuador, el estado aumentó temporalmente la contribución a la educación superior para que los jóvenes ecuatorianos salieran a estudiar en el extranjero.  Entre el 2007 y el 2018 invirtió aproximadamente $600 millones en becas para 12.000 becarios, la mayoría de las cuales fueron para maestrías y doctorados. De regreso al país, al menos una cuarta parte se encontró desempleada, lo que constató el mismo autor del programa de becas. Todos recordarán cómo el Presidente de entonces (2016), en una visita a la Amazonía, ese encontró en una sabatina con un ex becario geólogo que no había conseguido trabajo.

El impacto en la economía general de la sobre calificación es muy alto, pues se invierte en educación sin haber planificado lo suficiente, una cosa perecida sucede en la economía individual. En cuanto a la economía nacional, esta pierde una cantidad enorme de recursos, sin lograr los resultados de cambio en el desarrollo del país. Se desperdicia talento. Produce en realidad, un efecto muy parecido al fenómeno llamado “fuga de cerebros”. A nivel individual, se desperdician miles de dólares que gastó el individuo o su familia obedeciendo a expectativa demasiado altas respecto al mercado laboral del Ecuador.

Por cierto, lo que sucede en nuestro país no es un fenómeno exclusivo del Ecuador y de los ecuatorianos. Conocemos casos de migrantes extranjeros que llegan a nuestro país y sufren subempleo. Igual situación la viven en Europa y Estados Unidos, migrantes calificados que llegan a países desarrollados.

A nivel personal constatar que estás demasiado calificado resulta muy desesperanzador. Es el caso de personas que se han preparado, se han quemado las pestañas, se han endeudado, han dedicado una importante parte de su vida al estudio. Y de repente experimentan el impacto psicológico de encontrar que la oferta laboral –de haberla-- no están ni de lejos cerca de las expectativas que tuvo el individuo. Al empezar su vida profesional se obligan a aceptar trabajos en los que no se requiere sino una parte de todo su acervo de conocimientos.  Esa persona no puede sentirse cómoda pues no tiene un entorno profesional ni una comunidad afín que lo acoja. El impacto mayor que sufre es la frustración que siente al darse de bruces con la realidad.

Tejer redes profesionales, estar a la expectativa de oportunidades, ser flexibles, innovadores, pensar que con el tiempo habrá oportunidades para construir una carrera, no dejar los sueños, seguir capacitándose en asuntos digitales, son cosas que pueden hacer mis queridos estudiantes sobre - calificados. Las oportunidades de trabajo en el exterior son calvas. Sólo la resiliencia y el amor al país les permitirá quedarse, aprovechar los dones que tienen y desplegar las destrezas en las que han sido educados.

El país, por su parte, deberá medir este fenómeno, planificar concienzudamente y establecer políticas para que sus ciudadanos se eduquen, se potencien en sus facultades y éstas sirvan a una realidad que los acoja. El desarrollo humano y el crecimiento de la economía podrían así ir a la par.

 

 

 

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