Sobre nuestros medios públicos

- 21 de julio de 2017 - 00:00

Los cambios en la dirección de los medios públicos han venido con su esperada dosis de melodrama, pero en la transición se está perdiendo la posibilidad de problematizar lo que significa un medio público y, más importante aún, lo que queremos, como sociedad, que reflejen nuestros medios públicos.

La congoja y la algarabía detrás de la designación de un nombre muestran que el debate sobre el futuro de los medios públicos no se encuentra en su estructura y su misión, sino en lo que pueden significar como herramienta política. El nuevo director de EL TELÉGRAFO, Fernando Larenas, en una entrevista para este medio, dijo que el presidente Moreno, en su dialogante intención, “ha dado la libertad para dirigir los medios públicos con absoluta independencia”. Lo cual está bien, muy bien, pero no se escapa la ironía de que la designación de Larenas establece la visión que Moreno tiene sobre los medios públicos. La designación en sí no es buena ni mala. El punto va más allá del individuo. Desde la Presidencia no se han tomado este tiempo para reflexionar sobre los medios públicos. Comenzando por el espacio que debe tener la propia Presidencia para influir en la línea editorial de los medios públicos.

La línea editorial del medio público no puede ser cambiada por decreto. Esa era la gran crítica hacia los medios públicos, la percibida dependencia del tratamiento de la noticia y de las páginas de opinión hacia las preferencias del Ejecutivo. Que las preferencias del nuevo Ejecutivo agraden a aquellos que antes las criticaban, no significa que hayan cambiado los medios públicos ni que vayan a cambiar. Significa únicamente que la nueva alineación editorial está más cercana de su zona de confort. La crítica que hacían aquellos que trataban a EL TELÉGRAFO de ‘pasquín gubernamental’ y a sus periodistas de ‘borregos’, parece que solo aplicaba cuando el Gobierno era menos de su agrado, o cuando el editor era menos de su agrado, o cuando el enfoque editorial era menos de su agrado.

Esperemos que con la designación de Larenas se pueda abrir también un debate más amplio sobre lo que es un diario público, sobre a quién debe responder el diario público y sobre el enfoque que deben tener los medios públicos en general. Esperemos que la libertad e independencia de las que habla Moreno sean el impulso para que los medios públicos adquieran un carácter amplio, cuya visión, dirección y posición general no cambien con cada cambio de gabinete. Más allá de los entusiastas y detractores de la designación de Larenas, la persona en el cargo, y lo que representa, no debe ser el enfoque de la crítica. La crítica debe estar en el debate más amplio donde, como sociedad, como público, discutamos lo que este diario debe representar, lo que los medios públicos deben representar.

Por mi parte, que representen una alternativa a los medios tradicionales, una donde la información, y no el lucro, guíe al medio. Que copen los espacios que han olvidado los medios tradicionales y que se le dé voz a aquellos que, por las vicisitudes del poder, nunca la han tenido. Que se cambie el estilo ‘cronicorrojizo’ de la noticia por uno de reportajes. Que el leitmotiv no sea la primicia, sino la veracidad. Que los espacios culturales no sean un mal recuerdo de media página a lado de los obituarios. Y muchos de estos conceptos EL TELÉGRAFO representa y los ha ganado, producto, en parte, de estos necesarios debates. Pero esto sigue siendo una posición personal, y este sigue siendo un debate invisibilizado por el enfoque hacia la conveniencia política. Esperemos que, a pesar de todo, encontremos estos espacios. (O)

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