Sin pena ni gloria

21 de marzo de 2012 - 00:00

La marcha concluye sin pena ni gloria. El pueblo no la apoyó porque advirtió el doble discurso y el trasfondo desestabilizador que, al menos, le hace el juego a la derecha conspirativa, que desde hace rato busca liquidar el proceso de la Revolución Ciudadana, con evidente apoyo del poder mundial, EE.UU., UE, CIDH, SIP, etc., cuyos voceros, de frente, se han pronunciado, con uno u otro argumento contra el gobierno de Rafael Correa.

El pretexto del agua, la minería, la defensa de la naturaleza y los derechos son solo eso, un pretexto. Todo el mundo sabe que la Revolución Ciudadana y el Presidente impulsaron la Constitución vigente que justamente incorpora el recurso agua como un derecho humano, cuya administración le corresponde al Estado; establece los derechos de la naturaleza y consagra y amplía toda clase de derechos humanos, laborales, políticos, y prohíbe toda clase de discriminaciones, de las que han sido históricamente víctimas los indígenas.

La Ley de Aguas fue archivada por presión de los asambleístas indígenas apoyados por la derecha.
Este gobierno impulsó la explotación minera responsable y la participación justa del Estado y de las comunidades, buscando minimizar las afectaciones a la naturaleza.

Algunos dirigentes ya antes quedaron al descubierto, cuando buscaron a los de la Junta Cívica de Guayaquil para entenderse en los quehaceres contra el Gobierno; otros aliados han utilizado los baldes de las camionetas de la Policía para convocar a la caída del Gobierno, alentando un golpe de Estado el fallido 30-S. También han anunciado que es el principio del fin del Gobierno.

Y el  cuento de la alcancía en forma de vaquita es también eso; un cuento, pues la marcha demanda millonarios recursos, cuyo financiamiento solo puede provenir de ONG  de derecha o de fuentes peluconas. No hay otra.

No cabe duda, en consecuencia, que la marcha ha tenido un fondo desestabilizador. Tan solo la han respaldado y publicitado los enemigos del Gobierno, con algunos desertores y traidores, que buscan frenar el proceso de cambios, que afecta poderosos intereses y círculos oligárquicos.

Han sido derrotados, lo que se confirmará mañana cuando decenas de miles de hombres y mujeres de diversos sectores y lugares se manifiesten a favor de la RC, el Presidente y el Gobierno, que históricamente está obligado a acelerar la revolución agraria y retomar los diálogos tendentes a reincorporar al proceso de cambio a los sectores indígenas confundidos por algunos malos dirigentes, y aislar a los contrarrevolucionarios  que le hacen el juego a la derecha, que busca disminuir la inmensa ventaja electoral que tiene el Presidente, apoyado por una amplia mayoría popular.

La inmensa mayoría del pueblo, una vez más, le dirá Sí al Gobierno, al Presidente y al proyecto político.