El seseo es solo un deseo

- 14 de mayo de 2019 - 00:00

A los hispanoamericanos, a algunos andaluces y a los canarios (es decir, a la abrumadora mayoría de hispanohablantes) se nos acusa de un horrendo crimen: el seseo. Los migrantes ecuatorianos en Madrid llevaban en su lengua el pecado original del seseo.

Los españoles (excepto ciertos andaluces y todos los canarios) diferencian entre casa y caza, entre coser y cocer. Quizás por eso, en Hispanoamérica preferimos decir cacería y cocinar, en vez de caza y cocer.

La tendencia de muchas lenguas latinas, además del inglés que tiene un alto componente de raíces latinas sin ser originalmente idioma latino, ha sido convertir a la letra C en sonido /s/. La policía (del griego polis, ciudad) se pronuncia con /s/ en casi toda Europa y América, hasta en Turquía (polis), menos en Madrid. Cité en francés, city en inglés, cidade en portugués, ciutat en catalán, ciudad en hispanoamericano, todos pronuncian la C como /s/.

Pero en Madrid es /thiudad/ como la TH inglesa en “thank you” que suena como la TH griega que se escribe casi como un 8 o un 0 partido en la mitad. Así que el llamado seseo es la tendencia natural de las lenguas latinas. Lo que hacen los madrileños debería llamarse “theísmo”.

Nosotros, la mayoría de hispanohablantes, así como los franceses, portugueses, catalanes, hemos evolucionado como Dios manda. Evolucionado, digo, porque ese sonido TH (de la C madrileña) no es original del castellano. Para el castellano de los siglos XVI y XVII, la C se pronunciaba /ts/. Miguel de Cervantes seguramente pronunciaba /tser.ban.tes/ su apellido, nunca /ther.ban.tes/, como ahora lo haría un madrileño.

La lengua que pretendió conservar fija la Academia española fue la del siglo XVIII, alejada del idioma de Nebrija (1492). De tal manera que eso del seseo no es más que un deseo. Deseo que no nació en el siglo de oro español, sino en un siglo decadente, en vísperas de nuestra independencia. El sonido /s/ ya existía, así que “el defecto del seseo” suena arrogante; es percepción política, no lingüística. (O)