Tres derechos en peligro

- 28 de diciembre de 2019 - 00:00

La polémica causada por sectores evangélicos en contra del especial navideño de la productora Porta dos Fundos: La primera tentación de Cristo; y el atentado en Río de Janeiro con bombas molotov a la sede de dicha productora, únicamente revela el real peligro de estas sectas para las libertades, la democracia y la seguridad general.

La referencia la lanzó ya en noviembre el escritor colombiano Santiago Gamboa: “Las iglesias están poniendo en jaque a la democracia”. Su (mala) influencia cristaliza el verdadero lobby con el poder de parte de estos grupos, sea con políticos de derecha, como con los de izquierda (paradójico, pero es parte del concepto de la posverdad, que cita el mismo Gamboa).

Porta dos Fundos satiriza (el humor se trata de eso) la vida de Jesús, su presunta homosexualidad; su conflicto de identidad en relación a otras deidades inventadas por los humanos; el rol de José como padre putativo; un Lucifer gay convertido en tentación divina. Y hasta la invisibilidad de Alá, deidad que no puede ser retratada.

El escritor y ensayista indo-británico Salman Rushdie y los cartonistas del semanario satírico francés Charlie Hebdo saben las consecuencias del fundamentalismo religioso por este tema.

Porta dos Fundos y Netflix lo viven ahora. Lo más light: enfrentar una colecta de firmas contra el cortometraje. Lo más violento: el atentado de Río provocado por terroristas cristianos. Lo viven Brasil y Estados Unidos con presidentes vinculados a esos grupos. Y hasta México; la esposa de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es evangélica y tienen el apoyo de esas iglesias.

Su presencia y lobby es continental. La pregunta es: ¿Hasta dónde y cuál es el límite? (O)

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