El rostro del migrante LGBT

- 07 de septiembre de 2019 - 00:00

Salir de casa, separarse de la familia, del terruño, es una de las decisiones que puede considerarse la más difícil. El desarraigo, el confrontar otras realidades y culturas es parte de la historia de la humanidad desde siglos atrás; pero no deja de ser un acto emotivamente fuerte, de dolor, de valientes, pero también de solidaridad.

Y no deja de ser noticia hoy en día por la oleada mundial en torno a este tema. Y ese rostro migratorio, sin poder evitarlo, tiene también rostro de diversidad.

Millones de migrantes son también personas de las diversidades sexuales, son mujeres, adolescentes, trans, adultos mayores, niños, asiáticos, africanos, sudamericanos, etc. En Ecuador la oleada migratoria venezolana tiene el factor LGBT, como lo tuvo la cubana o la colombiana en su momento. Son jóvenes en su mayoría. De clase media y baja. Hace cuatro años eran profesionales con maestrías. Vinieron a homologar títulos y ejercer en el país; o trajeron sus ahorros para emprender.

No era tan difícil, digamos así, pues fueron captados por el mercado laboral; y aceptados socialmente. Son meseros, peluqueros, odontólogos, bailarines, arquitectos, publicistas, deportistas, hasta funcionarios públicos. Todo se complejizó hace un año, cuando los venezolanos masificaron a pie su llegada al país. Los que no tenían dinero para tomar un avión o alquilar buses. Y eran también LGBT.

Y en la capital actualmente existen dos casas de acogida y atención para ese perfil migratorio. Diálogo Diverso, con “Mi casa fuera de casa”, que en un año ha atendido individualmente 364 casos. Es una persona al día promedio. También ha dado abrigo y vituallas a 400; o apoyo económico en otros casos.

Mientras, Fundación Equidad les ofrece abrigo provisional hasta que encuentren trabajo, eso incluye alimentación básica y aseo; recibe, además, donativos de ropa. Aguarda en estos días a un grupo de mujeres transgénero.

Los casos son diferentes en el 99% al resto de migrantes, pues no dejan hijos, pero traen esperanza. Hay historias duras, no solo huyen de la pobreza, de una dictadura, de la falta de comida, de oportunidades. (O)