Romperse el cráneo, pero pensando

- 17 de febrero de 2020 - 00:00

¿Ya está al tanto del reto “Rompecráneos”, aquel viral en las redes sociales con el que adolescentes se estaban entusiasmando? Al parecer todo ocurre por la necesidad de querer ser vistos como respuesta a la pregunta eterna de ¿cuál es la razón de existir?

Con suerte, algunos adultos se lo preguntan, pero la incertidumbre habita con mayor fuerza en los adolescentes, quienes tienen dentro de su cráneo el futuro y sentido de vida, por así decirlo, muy lejano. Es el querer ser reconocidos, famosos o vistos, lo que daría un poco de sentido a la vida inmediata.

Lo problemático, quisiera coincidir con algunos de ustedes, es la idiotez por un lado y el deseo de fama por el otro. La fama como ideal de la época que se supone vendría acompañada del éxito. Todos queremos tener la suerte de JLo o Shakira, y las redes sociales -al menos sus creadores- lo saben. Desde sus inicios las redes sociales brindan la ilusión de fama a través de los likes, vistas, seguidores o retuits, y ¿qué es lo que consumimos los cibernautas? Pues, idioteces.

Tik Tok, que es donde se produce la mayor cantidad de contenidos, principalmente por jóvenes, está cargado de pura basura. Lo que sea para llamar la atención. No es una exageración. La basura está en el mundo, ¡literal! Pero también en la música, la TV (siempre), el arte, etc., y la consumimos por la facilidad de consumo y producción.

Los jóvenes demandan pertenencia, grupo y hacer su propio (micro) sistema político donde puedan establecer sus reglas, lo cual nos habla de lo obsoleto de la educación, sus enfoques, normas, propuestas de futuro y su sistema de evaluación. Los adolescentes de hoy son el producto de padres que pasaron pegados al celular compartiendo memes o a sus mismos hijos haciendo payasadas. Entonces ellos, los hijos, asumieron la posición del meme tonto con el que otros gozan.

Solo han sido las consecuencias de estos “juegos” las que nos están haciendo reaccionar, y esas se postulan como la única vía, porque, ¿cómo los padres pueden desencantar a los hijos de las sandeces, si ellos también disfrutan de ellas? (O) 

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