Respiración artificial

- 26 de junio de 2020 - 00:00

Le vamos a pedir permiso a la memoria de Ricardo Piglia, para utilizar el título de su brillante novela. Pero eso es lo que necesitan, no sólo muchos afectados por el covid-19, sino también buena parte de los países de la región para que el organismo que emana las ideas, en formatos de soluciones, no se apague definitivamente.

Hoy nos encontramos con sociedades en cautiverio, con algunos Jefes de Estado peleando contra las fallas estructurales de sus respectivos sistemas, y enamorados, en algunos casos, de cuarentenas inagotables, pero sin ideas de cómo solucionar los problemas más urgentes.

Atravesamos una etapa en donde la historia está más congelada que Walt Disney, si por historia tomamos, la solución que le damos a los problemas que se nos presentan.

El covid puede dejar sin olfato y sin gusto a los afectados, pero deja sin ideas a los que tienen que tomar decisiones, al punto tal que la crisis social y económica avanza acorde a la particularidad de cada uno de los países.

Merma en la recaudación, cierre en masa de comercios y empresas, cuantiosas pérdidas de empleo, ruptura en la cadena de pagos, son una constante, en mayor o menor medida, en buena parte de Sudamérica. Justo en tiempos en que la política llevaba tanto tiempo con paradero desconocido, que al parecer ya no hay “Habeas Corpus” que valga.

Así vamos de cabeza a una crisis nunca antes vista en la región, pero con la buena nueva de que la culpa, por lo que se generó desde la pandemia y por los errores históricos que se venían acumulando, a la hora de escribir la historia la tendrá el coronavirus. El aliado menos pensado a la hora de justificar la carencia de ideas y el fracaso estructural al que parecemos sometidos.

¿Pesimista? Nooo. Realismo en estado puro y donde el optimismo todavía respira. Sólo, grandes acuerdos intersectoriales a nivel de naciones, inversiones de emergencia en salud y en educación pública y la reactivación de la vida cotidiana aislando a los que necesiten atención, sería el camino para que abandonemos la respiración artificial sociológica a la que hemos entrado como el rebaño al corral. (O)

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