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El Telégrafo
María Cristina Bayas

Resistencia virtual

16 de marzo de 2022 - 00:00

No se puede vivir de forma consciente a tanta velocidad. La noticia explota, ofende, indigna, se comenta por dos días, desaparece, y se olvida. El maltrato infantil, el hambre y la pobreza se ganan cientos de comentarios que luego se pierden en el río de alaridos que conmocionan las redes.

 

La posibilidad de expresarnos en Twitter nos hace creer, erróneamente, que estamos trabajando por la justicia. “Visibilizar” se ha vuelto una palabra trillada.

 

Ningún niño se salvó del maltrato psicológico por ser tendencia en Twitter. El 27,7% de pobreza y el 10,5% de extrema pobreza en Ecuador según el INEC a diciembre de 2021, no descienden a medida que los comentarios de redes incluyen hashtags virales en contra de la inequidad. Los muertos de Ucrania no disminuyen si los usuarios de Facebook ponen como marco de su foto de perfil la bandera de ese país para mostrar apoyo a las víctimas. En pocos días nadie se acordará de las desgracias sociales de hoy.

 

La velocidad, pilar del pensamiento y comportamiento posmodernos, convierten a todos los temas en inmediatos, dotándolos así de una naturaleza superficial y pasajera. Ya nadie está hablando de Aylan Kurdi ni de Lucio Dupuy, ambos niños que se encontraron con la vileza de este mundo. La víctima de ayer hoy nos suena desconocida. No hay tiempo para profundizar y crear iniciativas útiles más allá de los comentarios compasivos que se gestan en redes minuto a minuto. El universo no puede parar.

 

Las redes nos sirven para aliviar por las noches nuestra consciencia; para calmar nuestra urgencia de ayudar a los demás. No nos damos cuenta de que nuestro aporte en Twitter, por más de tratarse de auténtica solidaridad, no genera impacto real. Nos frenamos al momento de brindar ayuda en el mundo concreto por tener la sensación de que ya estamos enfrentando la injusticia usando el Internet.

 

Nuestra lucha librada a través del iPhone morirá en pocas horas, como el resto de los 500 millones de mensajes de Twitter que se generan a diario globalmente.

 

Nuestra consciencia, intacta, dormirá en paz.

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