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Ecuador/Dom.9/May/2021

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Maria Paz Jervis

Renovar los votos

08 de febrero de 2021 00:00

El día de hoy invito a renovar los votos. Y no me refiero a los votos que pusimos en las urnas, esos ya están dados; me refiero a los compromisos, ofrecimientos y acuerdos que hacemos como ciudadanos y ciudadanas. 

Todas las relaciones que tenemos requieren de acuerdos claros, reglas mutuas, límites y objetivos comunes. Y cada cierto tiempo es preciso recordar esos acuerdos, modificar aquellos que no alcanzaron para garantizar que la relación fluya de manera satisfactoria para ambas partes.  El amor no es suficiente.

Inclusive en la relación con los hijos, que me atrevo a afirmar es el amor más grande y la relación más duradera que tenemos las personas, llegamos a sentir que pese a ese amor inmensurable se requiere renovar los acuerdos.

A mí me pasa todo el tiempo en este inmenso desafío que supone la crianza de los hijos. Ellos crecen y yo no evoluciono tan rápido, no sigo su ritmo. De repente hay días que las rutinas y reglas que habíamos establecido en la casa ya no dan efecto y ese amor inmenso se ve agobiado por los roces, las diferencias y sobre todo la falta de acuerdos. Ese momento sé que mi esposo y yo debemos sentarnos con nuestros hijos y escucharlos, pedirles que modifiquen ciertas conductas y ofrecerles ciertas garantías. Suena sencillo pero ustedes saben que no es una tarea fácil. Se aprende todos los días, se yerra y se hace lo mejor posible.

Esto es exactamente lo que sugiero que a partir de hoy hagamos con nuestra ciudadanía. Más allá del amor inmenso que sentimos por el Ecuador hace falta que repensemos nuestras obligaciones desde lo más pequeño y cotidiano hasta lo más grande y la repercusión que tiene en lo público.

El ejercicio de la ciudadanía debe basarse sobre todo en las obligaciones adquiridas, en el respeto a las reglas y por su puesto en el ejercicio de nuestros derechos. Tenemos mucho que exigirle al Estado; un Estado que nos ha fallado demasiadas veces a tal punto que sentimos que ese amor inmenso no alcanza para mantener el acuerdo inicial. Ese sentimiento también duele y mucho, nos descoloca porque sentimos que aquello que tenemos desde el día que nacimos está en peligro. Eso es nuestra ciudadanía.

La única salida para que esta relación innegable, permanente y profunda funcione es revisar esos acuerdos, reafirmar los compromisos y ejercer nuestros derechos. Recordemos también que los gobiernos de turno son solo eso, apenas una dimensión más de este Estado del cual nosotros somos parte.

Desde mi fe católica estoy convencida de que Dios dispuso que yo naciera en el Ecuador, aunque seguramente existen otras explicaciones más racionales, pero de cualquier modo estamos aquí y este país es nuestro. Perderlo no es una opción, al menos no lo es para mí. Les invito a que renovemos los votos y salvemos esta maravillosa relación.