¿Una religión civil en ciernes?

- 23 de septiembre de 2020 - 00:00

Esta pregunta es necesaria cuando el mundo afronta una de las crisis éticas más grandes jamás vistas. En su obra “Una ética sin moral” (Editorial Tecnos, Madrid, 2010), Adela Cortina manifiesta que “la fe hasta bien poco cumplió su misión, porque los seres humanos asumieron sus deberes que desde tal ficción les han impuesto: deberes morales, jurídicos, políticos y religiosos. A cambio de su sumisión han recibido la garantía de una justicia última y un final feliz”.

En ese sentido, la autora no disimula al destacar una verdad evidente: “que las religiones nacieron del afán de la inmortalidad”, según Miguel de Unamuno.  Y añade: “Buenos servicios prestaron las religiones al mundo jurídico, al dotarlo de un legislador sabio y prudente, y también de un juez infinitamente perspicaz, absolutamente insobornable, sin duda bondadoso, pero implacable en el castigo. Buenos servicios prestaron a la moral, al darle, no solo un legislador sabio, sino también juez interior, que lee en lo íntimo de los corazones y premia o castiga con poder y sin error. Buenos servicios prestaron al mundo político –y lo siguen prestando-, al legitimar el poder de los soberanos, pero también a las sociedades, porque crear vínculos desde la cosmovisión y las creencias compartidas, proporcionar identidad y sentido a sus miembros desde ellas, ha sido desde antiguo tarea de la religión”.

Entonces, pese a ello, con el advenimiento de la modernidad y sus secuelas,  “un nuevo ethos abandonó el mundo trascendente para encarnarse en el nuestro, contingente y corruptible: la idea de la imparcialidad en la legislación y en la aplicación de las leyes viene a constituir la estructura de una razón práctica, que configura la moral, el derecho y el Estado modernos”.

Así, Cortina intenta “responder desde la filosofía moral –desde la ética- el gran reto legado por Nietzsche: averiguar si el orden moral desde el que cobran sentido la autonomía personal, el derecho moderno y la forma de vida democrática tienen realidad o es tal orden ficticio”. “Prudentes sociólogos –afirma la autora- se preguntan si no será necesario devolver su cohesión a las sociedades y su identidad a los individuos desde alguna nueva forma de religión civil”. ¿Qué opina usted? (O)

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