Quito a través de sus voces

- 06 de diciembre de 2019 - 00:00

Descifrar Quito desde la poesía, el arte, las leyendas, es abrir el telón de la memoria, en el que se enredan sus luces y sus sombras…

Sus piedras nos hablan del pasado, de la esencia mestiza que nos define: el grito de la resistencia con Rumiñahui y el desafío de Cantuña a los dioses.

El cielo violeta de sus tardes se esconde detrás de las montañas: el Pichincha se diluye en las acuarelas del tiempo: Muñoz Mariño y sus colores.

Los faroles titilan con los pasos de su gente y sus fantasmas; los altares y retablos de los templos, se aferran a los espíritus antiguos… Y suenan las campanas en el pecho de los mendigos y los artistas, que estrenan un pedazo de alegría en cada esquina… Los niños juegan a la rayuela y al trompo, inventando acertijos y canciones que el tiempo ha borrado de sus ojos…

Los poetas se adueñan del aroma de las magnolias y se roban el color de los arupos para crear el Quito que olvidaron…Las voces de  Jorge Carrera Andrade, Jorgenrique Adoum, Ulises Estrella, Filoteso Samaniego, Julio Pazos, develan el Quito que la bruma oculta.

Las mujeres quiteñas, guerreras silenciosas y anónimas que florecieron en su grito de libertad  y que hoy se esconden en las páginas de un libro que no se lee más: Manuela de Santa Cruz y Espejo,  Rosa Zárate y Ontaneda, Josefa Tinajero, Manuela Cañizares.

La Casa 1028, la furia roja de un toro negro, que destrozó a Bella Aurora, el horror de los niños escuchando esta historia… El gallo de la catedral, testigo desafiante de bohemias e injurias, devolvió la cordura a la locura…

Hoy, Quito tiene otros rostros: sus amaneceres de soles caprichosos, de noches que encandilan y tardes de niebla que calan los huesos…

Un Quito diverso y contradictorio con calles desconocidas y miradas ajenas que buscan un refugio en los frailejones y el viento. El Quito de todos y de nadie… (O)

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