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Ecuador/Jue.24/Jun/2021

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Juan Carlos Morales

Quito: ciudad imaginada

11 de febrero de 2021 00:00

Quito es la ciudad del volcán Pichincha, se sitúa a 2.830 m.s.n.m., con 80 km de largo por 5 de ancho. Es también la urbe de las campanas, donde habitan varios quitos: la ciudad milenaria que se volvió cenizas, las fronteras que anuncian populosas calles, una virgen alada que mira a las bandas de pueblo, los miradores y los zaguanes en medio de iglesias y altos edificios, pero también una dinámica que bulle en los barrios nuevos, lejos de la edad del hierro.

Al trazar una cartografía imaginaria de Quito de 4.183 km² se puede mirar esa fragmentación que es también rasgo distintivo de su identidad, como su clima que puede ir de los 25 grados centígrados de día a 10 durante la noche, que burlan a sus coordenadas:  -0.1865943,-78.4305382 y sus 2.2 millones de habitantes en sus 422.802 hectáreas, de las cuales 320 son parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad, con 40 iglesias, 16 conventos y 5.000 inmuebles patrimoniales.

Además, Quito como capital y ciudad metropolitana acoge diversidad de geografías y culturas, pero éstas no siempre están visibles en el imaginario con que se construye una urbe. En este contexto, se inscribe uno de sus mitos fundacionales como es Cantuña, además del milenario Quitumbe, desde las diversas versiones que inician con el relato de Juan de Velasco, que lo vincula en el siglo XVI, hasta Federico González Suárez, quien lo sitúa como constructor del atrio a mediados del XVIII.

Basándonos en el hecho de que el tiempo mítico originario es un enclave de comprensión temporal, distinto a la historia linealmente concebida, existe el concepto de  “illo tempore”, es decir, “un tiempo pasado siempre presente”, como sugiere Mircea Eliade, que calza perfectamente en el mito de Cantuña.

¿Por qué es importante la mitología? Porque responde las preguntas básicas de una comunidad: origen, existencia y destino. Malinowski señala que los mitos permiten expresar y realzar las creencias, y salvaguardar los preceptos de orden moral; gracias a ello la tradición adquiere mayor valor y prestigio, hasta lograr su fortaleza.

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