La práctica integral de vida

- 09 de noviembre de 2019 - 00:00

El tener una visión integral sobre uno mismo, las personas, la humanidad y la naturaleza es un salto cualitativo muy importante pero no suficiente, si no se llega a la práctica integral de vida.

Gracias a los desarrollos teóricos de Edgar Morin con el pensamiento complejo se habían alcanzado niveles superiores de comprensión de la realidad, más allá de la interpretación newtoniana e integró la mayoría de los aportes de la filosofía de la ciencia del siglo XX.

Sin embargo, no incorporó las dimensiones humanas (corporal, emocional, mental, espiritual, ética, familiar, laboral, etc). El nuevo reto es llegar a la visión integral de vida y trascender a la práctica integral de vida.

La práctica integral de vida según Ken Wilber trata de la inclusión de lo mejor de múltiples visiones. “Se trata de un abordaje ‘omniinclusivo’  que, asumiendo lo mejor de todas las visiones, lo integra en un marco de referencia que le da sentido. Las prácticas premodernas se refieren a las grandes tradiciones de sabiduría del mundo y a las prácticas meditativas que las promueven.

Las prácticas modernas incluyen los estudios científicos relativos al desarrollo humano y el modo de alentarlo. Las prácticas postmodernas, por último, nos proporcionan un mapa multicultural y plural del territorio humano -es decir, del territorio de nuestro ser- que engloba todas nuestras dimensiones (física, emocional, mental y espiritual) y su aplicación a los ámbitos del yo, la cultura y la naturaleza”.

Lo menos frecuente es encontrar personas, grupos, organizaciones y comunidades que tengan un desarrollo integral, tanto en un sentido horizontal como altitudinal. Lo que tenemos la mayoría de los seres humanos es un desarrollo disarmónico.

Lo que no se sabía es que las potencialidades existentes en las diversas dimensiones, por una acción sinérgica, aumentan entre sí, que cuando se estimulan de forma aislada. Las dudas de la visión integral se resuelven en la práctica. (O)