Ennoblecer la política

- 09 de diciembre de 2018 - 00:00

Los últimos episodios suscitados en el ámbito político nacional dejan al país muy mal parado en términos de imagen internacional, también respecto a la esperanza de construir una democracia auténtica. Ciertos políticos y autoridades públicas no dejan de sorprendernos por su alta capacidad para obrar al margen de la ley, de valores y principios, ejemplo, el entramado tan repugnante de los famosos diezmos.

Todo indica que no existen linderos para el ejercicio de una política villana, tampoco sanciones ejemplares que conjuren tal degeneración. Apremia la necesidad de dignificar la política de una vez por todas, como medio para garantizar un futuro prometedor para la sociedad, con trabajo desinteresado y comprometido con el soberano que elige a los delegatarios del poder.

Nuestra realidad demuestra por una parte que, gracias a normativa tramposa y triquiñuelas de toda laya, casi nunca se aplica todo el rigor de la ley a quienes con graves conductas defraudan al pueblo.

De otra parte, se suele apelar a la denominada “responsabilidad política”, como remedio ante actuaciones irregulares e incluso ilegales de figuras políticas y autoridades, pero lo cierto es que tal manera de castigar apela a la memoria colectiva que, como sabemos, es frágil, selectiva y de cortísimo plazo, la prueba fehaciente de esto radica en que reiteradamente volvemos a elegir a personas que antes ya nos timaron.

La política puede ser sublime, la hacen las personas, por lo que ennoblecerla es ineludible, esto pasa por elegir y convocar a los espacios públicos a personas de gran capacidad de diálogo y acuerdo, con inteligencia emocional y preparación acorde con la responsabilidad que se les confía, serán sobre todo éticas, con madurez y convicción para luchar por el bienestar colectivo antes que el individual.

Poseer carisma, buen verbo para seducir a las masas y dinero para hacer regalitos de campaña, no lo es todo si queremos vivir en una democracia sana y vigorosa. (O)