Virus del siglo XVI

- 05 de marzo de 2020 - 00:00

Hay una relación directa entre el desarrollo del sistema-mundo capitalista y la globalización de bacterias y virus, que se propagaron una vez que los seres humanos rompieron el relativo aislamiento de regiones ecológicas continentales.

La ideología capitalista impulsó desde el siglo XVI políticas imperialistas de ultramar, con la meta de incorporar nuevos territorios coloniales. Uno de los eventos de mayor impacto ocurrió tras la llegada de los europeos a América en 1492, los cuales introdujeron semillas, varios animales y, por supuesto, bacterias y virus de todo tipo, que no correspondían al desarrollo natural de las ecologías americanas.

Pocos recuerdan el impacto demoledor que provocó la viruela transportada por los europeos a América. La tasa de mortalidad de los pueblos originarios superó en algunos casos el 90%, cuyas causas fueron más las enfermedades que las guerras. En Sudamérica la variola virus habría llegado antes que los conquistadores y se sospecha que fue la causa de la muerte del inca Huayna Cápac, que como los demás nativos carecía de anticuerpos, puesto que era un mal ajeno al continente.

En contraparte, los europeos fueron víctimas de la bacteria que provocaba las bubas o verruga peruana, y de algunas enfermedades tropicales, como la  malaria tropicalis perniciosa, que se difundió desde América hacia Europa, de manera que ya estaba presente en 1503, provocando la muerte del papa Alejandro VI. Europa experimentó antes, entre los siglos VI y VIII, al menos veinte brotes de epidemias.

Como se ve, la globalización de virus y bacterias se intensificó hace cinco siglos. Se puede afirmar que la expansión actual del coronavirus a nivel mundial es consecuencia de un modo de vida global, caracterizado por la densidad de contactos entre personas, la concentración urbana, el comercio a larga distancia y la industria del turismo.

El coronavirus es hijo de la fase globalizada del capitalismo. No se descarta, sin embargo, que este y otros virus hayan sido mutados en laboratorios, para beneficio de transnacionales farmacéuticas, que encontrarían justamente en el modo de vida global capitalista el mayor mercado de vacunas. Desde luego, es difícil creer que existan almas humanas capaces de aliarse con la muerte. (O)

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