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Mariana Velasco

Pinta labios y rebelión

29 de septiembre de 2021 00:48

La pandemia cambió las maneras en las que asumimos la normalidad. Trocó muchas cosas sobre cómo vivimos. Quizá de manera más inmediata cómo nos vestimos y lo que ponemos en nuestros pies, cinturas, rostros y sobre todo nuestros labios qué, por más de un año perdieron color al estar cubiertos con mascarillas. El uso de labiales fue nulo.

Soy amante del lápiz labial. Los tonos naranja y fucsia, me atrapan. Es común en muchas personas encontrar el color que les gusta y usarlo todo el tiempo como parte de su identidad, mientras otras féminas optan por lucir su color natural. Generalmente las mujeres pensamos de los labiales lo que otros piensan de los zapatos: variados colores para diferentes ocasiones y horas del día.

Durante los primeros meses de la pandemia, abría el gabinete y veía esos tubos brillantes y susurraba: pronto los usaré. Transcurrían los meses y crecía la esperanza que lo haría. Jamás se convirtió en dilema: o uso tapaboca o labial. Como ciudadana responsable, elegí lo primero. Miles, millones de mujeres hicieron lo mismo.

La intrusa visitante puso todo de cabeza. A medida que la economía pasaba por dificultades en el 2020, las ventas de labiales también se desplomaron a pesar de que las mujeres compramos las cosas pequeñas cuando las grandes están fuera de alcance.

Llegó la vacuna y aunque el uso de los cubrebocas sigue siendo obligatorio en espacios públicos, los labiales nuevamente son bienvenidos para marcar labios sexis, sensuales, carnudos o delgados. Al resurgir del encierro, nos atrevíamos a quitarnos el cubrebocas, listas para existir una vez más en el mundo, o al menos para pensar en cómo existir.

Ese primer día, cuando me fue posible salir de casa a pesar de llevar cubrebocas, tomé mi labial de confianza, aquel mate permanente. Por primera vez en más de 365 días me sentía completa. La pandemia me había arrebatado amigos, colegas y el contacto físico, pero al parecer mi devoción al labial seguía intacta.

No padecí el bochorno de pintarme, ponerme el cubre boca y al poco tiempo parecer que me había besuqueando con alguien como adolescente, con el labial embarrado en todas partes menos en mis labios. La calidad de los labiales de larga duración están a la altura de las circunstancias. Resisten a nuestros tiempos.

Volví a ser parte de una tendencia. De acuerdo con cifras publicadas en mayo por CNN Business, las ventas de labiales volvieron a dispararse hasta un 80 por ciento respecto al año anterior. Cómo no agradecer a las sufragistas en Estados Unidos, que desafiaron la prohibición machista y que contaron con el apoyo de Elizabeth Arden, quien ya rompía estereotipos al convertirse en una empresaria que fabricaba y vendía cosméticos. En 1912, Arden repartió pintalabios rojos a las sufragistas que marchaban por las calles de Nueva York para exigir el voto femenino.

La obsesión que muchas mujeres tienen por el lápiz labial trasciende generaciones. Sea mito o realidad, desde la antigüedad, los labiales han sabido ganar su espacio, no solo como un símbolo de belleza, sino de rebelión femenina.

Cada año se gasta en el mundo 8.000 millones de dólares en lápices labiales. Una cifra sorprendente para un producto que por siglos fue considerado tabú. El gusto de las mujeres por pintarse los labios es muy antiguo, incluso en las primeras civilizaciones se hallaron pruebas de esta práctica.

Ahora sabemos que no hay un regreso perfecto a nuestra antigua vida. En el mejor de los casos, todo lo que podemos hacer ahora es tomar pequeñas decisiones sobre lo que podemos llevar con nosotros y cómo hacer que encaje en este nuevo y desordenado mundo incierto.

Aquí estoy en mi versión 2021, cumpliendo responsablemente con las reglas. Yo y mis labios, en la medida de lo posible, viviendo la vida al máximo. El lápiz de labios y una nueva rebelión. Hoy, quitarse la mascarilla parece una escena salida de una película de superhéroes con identidades secretas.

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