Pedofilia o el cáncer de la Iglesia

- 20 de agosto de 2018 - 00:00

Los casos de pedofilia siguen brotando aquí y allá en la Iglesia católica. Días pasados el escándalo estalló en EE.UU. cuando la Corte Suprema de Pensilvania difundió una investigación sobre abusos sexuales cometidos por más de 300 sacerdotes católicos a un número superior a mil niños y niñas a lo largo de 70 años. Las descripciones del informe judicial son estremecedoras por su crudeza y porque dejan en evidencia la complicidad de la jerarquía eclesiástica llegando incluso hasta el Vaticano.

Juan José Tamayo, director de la cátedra de Teología, de la Universidad Carlos III de Madrid, publicó en el diario El País que la pederastia, “el mayor escándalo de la Iglesia Católica durante el siglo XX y principios del XXI y el que más la desacredita” no es apenas “una enfermedad pasajera” sino “un cáncer con metástasis que alcanza a todo el cuerpo eclesiástico.

En 1.356 páginas, el informe de Pensilvania deja en evidencia que durante 7 décadas la cúpula eclesiástica católica encubrió y toleró muchos de los abusos perpetrados por más de 300 sacerdotes. El informe judicial refiere también a la existencia de una suerte de “manual para ocultar la verdad” que incluyó desde eufemismos para referirse a las violaciones (hablar de “contacto inapropiado” en lugar de violaciones), hasta iniciar investigaciones internas formales confiadas a personas no idóneas para hacerlo. Y el mundialmente conocido recurso de trasladar a otro destino a los curas descubiertos como abusadores y denunciados ante la comunidad. En pocos casos la Iglesia y sus autoridades trasladaron la información sobre los delitos a la justicia ordinaria.

Algunos detalles conocidos son aterradores. Un cura obligó a un niño de 9 años a practicarle sexo oral y después le limpió la boca con agua bendita. Otro sacerdote violó a una niña de 7 años al visitarla en el hospital donde la habían operado de la garganta.

Ahora, a propósito de las revelaciones en Pensilvania, el comunicado vaticano señala que “la Iglesia debe aprender duras lecciones de su pasado y debería haber asunción de responsabilidad tanto por parte de los abusadores como por parte de los que los permitieron”. Y agregó que lo revelado ahora deja en evidencia que los acusados “han traicionado la confianza” y “han robado a las víctimas su dignidad y su fe”. (O)

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