El pecado social, ecológico del capitalismo

- 13 de septiembre de 2018 - 00:00

A veces la memoria de los individuos puede ser bien ingrata frente a la memoria colectiva. Casi ha sido credo decir que el ecuatoriano tiene mala memoria o memoria selectiva según le convenga. Esa conveniencia le ha costado caro al país: soportar la repetición casi perfecta de los peores momentos de su historia. La mercantilización de la política de los no políticos, de los recordados “independientes”: ¿cuántas veces nos hundió como pueblo? Pero los que siempre escaparon fueron aquellos que reprodujeron sus intereses de clase privilegiada.

Gran aporte de la Teología de la Liberación en América Latina fue, precisamente, denunciar, la falsa memoria de los dominadores, como el falso olvido de las conveniencias de aquellos que hicieron fortuna en concubinato con las élites más egoístas y quemeimportista de su Patria. La Teología de la Liberación tuvo como gran virtud no quedarse en que si la persona es creyente o no, sino que tuvo claridad de que con los estómagos vacíos es difícil la evangelización.

Pero cuando habla de evangelización no es de aquella encerrada en la contemplación del púlpito, indiferente a los males del capitalismo, por el contrario, exige de aquellos que se llaman buenos cristianos un compromiso político contra el capitalismo y su pecado social que sencillamente son esas estructuras materiales, simbólicas, económicas y políticas que sientan la explotación del hombre por parte del capital. Pero esa explotación tiene nombre y apellido. Capital, grandes empresas nacionales e internacionales, que han saqueado los recursos no solo naturales, sino humanos.

Generaciones de ecuatorianos y latinoamericanos sometidos a las brutales condiciones del empobrecimiento intencionado, perverso de la reproducción del capital. Ese pecado social no puede ser combatido con más capitalismo humanista, sino con acción colectiva, con repartición de la riqueza acumulada, sino será una nueva derrota de la memoria. Las empresas transnacionales tienen grandes deudas no solo morales, sino económicas con el saqueo que produjeron al Ecuador petrolero. ¿Dónde queda la deuda ecológica? ¿Acaso algún tribunal internacional tendrá la altura moral para condenar el abuso histórico al cual hemos sido sometidos por parte de esas transnacionales? ¿O, simplemente, seremos una vez más víctimas silenciadas de la inmoralidad del capitalismo modernizador? (O)