Representatividad

- 09 de noviembre de 2019 - 00:00

Cuando se habla de la estabilidad y adecuado funcionamiento de los partidos políticos, es necesario mencionar algunas características. En primer lugar, es importante la existencia de procesos competitivos y transparentes dentro de cada organización, aceptados por todos sus miembros.

En segundo lugar, se debe tener claro que los partidos políticos son estructuras que funcionan como canales legítimos de acceso al poder. Por lo que es importante que estos tengan sus raíces en sectores sociales. Finalmente, los partidos deben tener la fuerza organizacional necesaria que les permita alcanzar presencia nacional, contar con recursos propios para evitar la presencia de líderes caudillistas.

Si bien el retorno a la democracia marcó un nuevo momento para los partidos políticos, donde se destacaron varias figuras; en la década del 90, la ciudadanía fue testigo del marcado desgaste del sistema de partidos. Ello entre otras cosas, producto de su desconexión con la ciudadanía.

A inicios del siglo actual, el proceso de desgaste de los partidos políticos se mantuvo; esto permitió que en 2006 surgiera un nuevo liderazgo que propuso cambios profundos en el marco institucional; este, sin embargo, terminó convirtiéndose en un modelo autoritario alrededor del cual se generaron grandes escándalos de corrupción.

Una década más adelante, durante el proceso electoral de 2017 y en un escenario polarizado, se generaron cuestionamientos en torno a la validez de los resultados electorales. Ello llevó al gobierno a buscar apoyos a su gestión, por lo que impulsó procesos de acercamiento con diversos sectores del país.

La crisis económica derivó en la adopción de acciones que generaron el distanciamiento entre las principales figuras del partido dominante, en torno al manejo de la economía y la política. Las denuncias por procesos de corrupción, profundizaron la implosión de la organización que había predominado por 10 años el escenario político del Ecuador.

Los partidos políticos son necesarios para el funcionamiento de la democracia; sin embargo, las organizaciones políticas en el Ecuador están llamadas a repensarse, proceso que debe comenzar por una profunda renovación que permita entender los nuevos momentos que vive el país. (O)