Paradojas del mundo plástico

- 26 de junio de 2019 - 00:00

Las páginas de los diarios, las redes sociales, los correos electrónicos y la internet informan sobre la cantidad de basura que flota en los océanos; la muerte de animales marinos por causa de los plásticos arrojados desde barcos y playas; el jugoso negocio de la exportación de plásticos reciclados producidos en el primer mundo; y la existencia -según estudios recientes- de millones de corpúsculos que ingresan al cuerpo humano bajo diferentes modalidades. ¡El mundo se rige bajo el reinado del plástico!

Según los expertos, el plástico es un polímero de alto peso molecular que proviene de la palabra plasticidad, una propiedad de la materia constituida por una variedad de compuestos orgánicos, sintéticos o semisintéticos, maleables o moldeables en objetos.

Es el resultado de la síntesis de derivados químicos del petróleo; aunque hay plásticos de fuentes renovables, como el almidón y de origen bacteriano.

Los costos bajos y su fácil fabricación han convertido al plástico en un insumo eficaz para una industria creciente, a cargo de una sociedad que cifró sus ganancias en los productos desechables. A propósito, ¿sabían que América enseñó a la humanidad a utilizar el caucho natural  o látex -un líquido blanquecino, antecesor del plástico, luego convertido en resina-, una especie nativa de México y América Central?   

Pero más allá de su historia hay que reconocer las paradojas del mundo plástico, que representa, según los ejemplos mencionados, una verdadera amenaza para la humanidad. Con razón han surgido numerosos movimientos que intentan defender la naturaleza, mediante la limpieza de playas, clasificación y reciclaje organizado de la basura, y otras acciones ambientales.

¡Quién lo creyera: los océanos son ahora las cloacas del mundo! Por eso, la superación de la pobreza no basta si no hay verdadera conciencia ambiental; la protección del agua es un factor clave de la seguridad y subsistencia humana; y el progreso descontrolado, un desafío real.

Cómo agradecería la sociedad, si la democracia eliminara tanta basura moral incrustada en liderazgos desechables. (O)