Orden constitucional y democrático

- 20 de octubre de 2019 - 00:00

Hace pocos días fuimos testigos de episodios que rebasaron con creces la lógica y la racionalidad; fue, por decir lo menos, surrealista.

Podríamos aseverar que los ecuatorianos escribimos una página de la historia nacional digna de una novela del realismo mágico, al estilo de Agualusa y su magnífica obra: “Teoría general del olvido”, sobre la revolución e independencia de Angola.

La verdad es que el conflicto y la movilización social de la semana anterior se decantaron al margen del orden constitucional y democrático; esto evidencia que algo muy malo nos está pasando.

La posverdad y la desinformación llegaron directamente a la población a través del uso intensivo de redes sociales y aplicaciones informáticas, lo que contribuyó para generar desorientación y nerviosismo.

Pudimos conocer casi de primera mano lo que sucedía al calor de durísimos enfrentamientos entre hermanos ecuatorianos. No faltaron hordas de violentos infiltrados en las marchas para sembrar el terror en muchos sectores del país, especialmente en Quito que, dicho sea de paso, estuvo huérfana de autoridad.

La pérdida de vidas y el vejamen a muchas personas, la destrucción casi total del edificio de la Contraloría General del Estado y el inexplicable caso omiso al toque de queda decretado, entre otras anormalidades, nos cuestionan como sociedad.

Odio, fuerza y caos opacaron los cánones democráticos y las reglas que rigen la convivencia social; ahora mismo suceden también eventos de violencia extrema en Barcelona, Culiacán y Santiago.

Como ecuatorianos es nuestra responsabilidad comprender que la única manera segura para desenvolvernos es reafirmando la democracia, sus instituciones y un orden establecido constitucionalmente por la propia voluntad del pueblo soberano en el año 2008.

Esto coadyuvará para lograr la vigencia plena de los derechos; también para alcanzar una convivencia pacífica como condición previa de un futuro inclusivo y prometedor. (O)