Óptica desde fuera

- 17 de junio de 2019 - 00:00

Esgrimir que la crisis carcelaria es causada por el régimen de turno, equivale a actuar como un canalla. Reconocer que la misma tiene su génesis en el pasado y que ha ido agravándose, es sensato. De ahí que, correcto ha sido –y es– que el presidente Moreno reconozca la crisis, sin minimizarla y actúe para controlar –y salir de– la misma con la declaratoria del estado de excepción; esto frente a varias voces que critican cierta lentitud en el actuar.

Plausible que el Primer Mandatario haya reaccionado positivamente ante esas voces y –días atrás– haya dispuesto varias medidas (por citar, trazar gobernanza con el Consejo de la Judicatura) para acelerar la marcha que brinde tranquilidad al país al mismo tiempo que evita que la dignidad –y DDHH– de los reos se pierdan; aunque poco eficiente, ergo nada efectivo, es que quienes están a cargo para salir de esta crisis hayan tenido que esperar una orden presidencial, y no haberlo sugerido antes.

Transitando a la propuesta: lo correctivo es necesario (por ejemplo, garantizar 100% disciplina y transparencia en las direcciones carcelarias), no lo suficiente. Sí lo es el disciplinar y humanizar a la fuerza carcelaria para que su trato con los reos sea en consecuencia, y con los visitantes sea usando scanners sin lacerar sus DDHH, y el trabajar en –y desde– los reos: a) lograr cooperación con GAD para mejorar infraestructura (agua y alimentación, básico) e implementar espacios de emprendimiento (huertos de autosustentación y autogestión), recreación, cultura y práctica religiosa; b) revisión profunda del economato, evaluando fijación de tabla de precios y monitoreo de calidad; c) implementar servicio de psicología y liderazgo, logrando que el reo reflexione en el costo de la causa de reclusión y lo invaluable de la libertad; y, d) potencializar programas de educación (incluyendo alfabetización), donde universidades privadas colaboren con becas. ¡Solo así rehabilitación y reinserción! (O)