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José Valés

Oportunidad inigualable en favor de la humanidad

13 de noviembre de 2020 00:00

Nadie puede negar que la crisis del Covid-19 no genera oportunidades. En este año impar a pesar de lo que dicta la numerología, ideal para olvidarlo rápidamente y de pasarlo de una vez mucho más, se nos presenta una oportunidad inmejorable para mejorar la calidad de vida de la humanidad toda. Ese fue el corolario de una interesante charla de café con un amigo de esos que ya no abundan por su sobrada y singular inteligencia.

Llegamos a esa conclusión, ahora que todo el mundo habla (“dime de que alardeas y te diré de que careces”) de la inminencia de la vacuna contra el virus, mientras nos amenazan con que la traerá Papa Noel/Santa Claus/el Niño Dios/ San Nicolas -o como le hayan echado el cuento de niño-, para Navidad. Ni el cura de mi barrio lo hubiera hecho mejor.

Coincidimos, mi amigo y un servidor, que en un acto patriótico los primeros en aplicársela deberían ser celebridades de toda laya, desde destructores de las culturas locales, por lo general personajes de los medios de comunicación, mandatarios y ex mandatarios, preferentemente los condenados o dueños de semiplena prueba de corrupción y cuanto divulgador de ignorancias varias anden sueltos por ahí.

Podríamos sumar a congresistas no ya con un hisopado para comprobar si se contagió el virus, sino con la prueba palpable de encefalograma plano, para terminar de confeccionar una lista, con todos ellos, de los primeros en aplicarse la vacuna sea cual fuere: rusa, británica, la de laboratorios mexicanos o la que vendrá, por qué no, de Kuala Lumpur. Da igual.

Se la aplican ellos, en un gesto que los ayude a recuperar la credibilidad perdida con ahínco y mucho esfuerzo. Entonces el mundo a pleno, sigue la secuencia como una de suspenso o como un final reñido en una carrera de caballos y si no surte efecto, tal vez los humanos sin importar nacionalidad, ideas, credo o condición social, verán abrirse la ventana a una mejor calidad de vida, cuando no la salvación en el mediano plazo.

De la charla, café de por medio solamente (el licor a prudente distancia), surgieron varios nombres como candidatos fijos para el test pero por decoro y, profesionalismo, convenimos no nombrarlos. “Dios y mi canto, saben a quién nombro tanto…”, al decir de un catalán también innombrable.

Si pasan la prueba y la vacuna surte efecto, pues siempre hay que mirar el lado bueno de un dilema: recuperaremos la normalidad más temprano que tarde y la humanidad superará otro obstáculo de muerte.

Y a decir verdad, si la democracia aún existe, si malvive en algunos lados, bien podrían tomarnos en serio y transformar nuestra idea de café (allí donde surgen los mejores planes) en un proyecto de ley. Y luego, someterlo a votación aquí, allí y en Cafarnaúm también. Que buceando en Google y en otros archivos más tradicionales, no hemos hallado una idea que le empate en creatividad.

En fin… Nos la seguimos rebuscando en eso de tejer utopías y eso para que no digan que el Covid-19 a diferencia de otras crisis, no genera oportunidades. FIN (O)