Postales de la ONU

- 30 de septiembre de 2019 - 00:00

Una semana de Asamblea General de las Naciones Unidas y al final sientes que se te rompe el corazón, porque no sabes si realmente este barco quijotesco llega a puerto o naufraga. Lejos de las críticas de los que miran el mundo sentados cómodamente detrás de sus teclados, hay un ejército de románticos librando una batalla que para muchos está perdida.

Y a pesar de ser momentánea pasarela de figuras mediáticas como Greta, Aquaman y Trudeau, la ONU es menos rimbombante que el selfie Bukele. Aquí se trabaja, y mucho. Así me quedo con tres compatriotas que luchan a diario contra los molinos de un planeta sordo, ciego y enfermo. Y no, en esta lista no está María Fernanda Espinosa.  

La primera es Mirian Masaquiza, oficial de asuntos sociales del Foro Permanente para temas indígenas de la ONU. Conversar con ella es educarse. Es sabia, aguda, humilde e incansable es su cruzada por difundir las historias de los pueblos nativos. Tiene un mapa en la cabeza y encarrila una moraleja tras otra.

Todo lo que pasa en “nuestro mundo” lo aterriza a la cosmovisión indígena, desde el debate del aborto hasta el hacinamiento carcelario. Cuando uno camina al lado de ese traje Salasaca y esa sonrisa cordial, parecería por un momento que todo realmente sí tiene solución.

Otro ecuatoriano que no se rinde es el representante de Ecuador Luis Gallegos, en su tercer período en Nueva York. Una de sus credenciales es que hace 41 años integró la delegación que logró que Quito y Galápagos fueran declarados Patrimonio de la Humanidad.

El embajador Gallegos ha desembarcado más de una vez en la zona cero de ONU: África. Me contaba por ejemplo sobre su visita a una clínica para mujeres violadas instalada para aliviar en algo las heridas de un continente empobrecido y atacado.

Me impresionó también Mariana Vera. Una ex guía turística en Galápagos convertida en buzo científica para proyectos de investigación de organizaciones como NASA y la Fundación Charles. Visitó Naciones Unidas en calidad de gerente de programa de Conservación Internacional para alertar sobre los riesgos que enfrenta Galápagos.

Gallegos dice que ya no tiene tiempo para ser optimista o pesimista; que solo empuja los procesos. Solo hay un planeta y se nos va de las manos, pero noto en ellos una fuerza que al menos yo no tengo. Supongo que se llama esperanza. (O)

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