Olga

- 27 de diciembre de 2018 - 00:00

La liberación de la mujer atañe no solo a su cuerpo, sino sobre todo a su potestad de crear, expresar y nutrir el pensamiento crítico. Uno de los lugares desde donde las mujeres han contribuido de manera trascendental a la sociedad ecuatoriana, ha sido la educación.

Aunque muchas fueron institutoras en el siglo XIX, su mayor aporte fue realizado a partir de la revolución educativa liderada por Eloy Alfaro, uno de cuyos legados fue la creación del Normal Rita Lecumberri, destinado a formar a mujeres protagonistas del gran proyecto humanista, que alumbraría la mejor parte del siglo XX en Ecuador.

La micro biografía invisibilizada de Olga Vallejo Tama, pedagoga, artista y poetisa nacida en Guayaquil en los años veinte y formada en el Normal Rita Lecumberri,  muestra el recorrido que hicieron decenas y después miles de maestras laicas. Durante sus años juveniles, Olga fue reconocida en la sociedad porteña por su capacidad dramática dentro de obras de gran impacto, como Natacha, presentada por tres ocasiones en el Teatro Edén de Guayaquil.

Según el testimonio del intelectual y jurista de la época, Armando Cruz Bahamonde, el nivel de interpretación del personaje de Natacha, asombró y marcó la memoria de un público que vivía entonces, el despertar del arte escénico. Poco después de su paso por el teatro, el ballet clásico y las aulas en calidad de joven maestra normalista, Olga tuvo que migrar a Manabí, donde sembró con fuerza su amor por la pedagogía, asumiendo la tarea en aulas escolares y después en el rectorado del emblemático colegio femenino Uruguay, creado en Portoviejo en 1945.

En Manabí muchos recuerdan a Olga Vallejo Tama como formadora de juventudes, por el nombre que lleva un colegio secundario, pero pocos han apreciado su vuelo poético, desplegado en una época que aunque llamada liberal, consideraba desafiante la expresión pública de las subjetividades femeninas. Los versos de Olga bordearon el vanguardismo y fueron publicados en sus libros Espigas del Silencio y Pétalos de una Misma Rosa, editado con el aval de la Casa de la Cultura de México.  

Saludos Olga Vallejo Tama por tu aporte al lenguaje más complejo de la condición humana, el de la poesía. Hoy vale recordar tu voz, el “enigmático principio de un dolor o una certidumbre, los 33 golpes en un yunque matando la esperanza, mientras la luz descubre su faz de hombre, de oruga, de historia”. (O)