Oídos atentos a palabras necias

18 de enero de 2022 00:00

¿Usted le pregunta a un carpintero como realizar una operación a corazón abierto? ¿Cuándo a usted le duele la barriga le pregunta a un taxista que remedio debe de tomar? Espero que no, pero creo que sí lo hace.

Estamos a dos años de un camino difícil y desconocido con la COVID-19, apresurados antes del encierro global, no entendíamos de donde vino, que hacía y como lo hacía, pero el resultado era la muerte y vaya que la encaramos de frente en los primeros meses.

Pero al paso del tiempo, la innovación tecnológica y la medicina moderna, hemos ido encontrando respuestas y salvaciones urgentes para combatir al bicho mutante que habita en el aire. Los esfuerzos sobre humanos hechos por los científicos que han pasado años y décadas estudiando la estructura, comportamiento y composición de los virus en el mundo nos han dado respuestas urgentes para tratar esta espantosa enfermedad.

Pero el ser humano, tan curioso como somos, vamos encontrando resistencia sobre las soluciones que los estudiosos y conocedores nos dan; lo mortal, lo inhumano, es que esa resistencia de la ciencia la ponen los “influencers”. Estos seres especiales que en muchos casos no saben nada, pero su criterio (descriteriado) es escuchado con la atención de un búho al cazar un ratón. Solo es de darse un recorrido por la aceptación digital de opiniones que reflejan tal desafecto con la razón pero que se popularizan por un llamado a una supuesta “libertad de elegir”.

Ecuador, más raro aún, llama a la Asamblea Nacional para que estos personajes con datos sacados de la peor referencia de la Wikipedia se paren frente al Pleno a explicar lo que no saben, no estudiaron, no conocen, pero que asumen que saben, porque a la final, ya los popularizaron en redes y estrados digitales. Sí, la pantomima del conocimiento en su más desagradable esplendor.

Pero pasa de la mofa y el chiste, a la seriedad de la muerte, cuando estos personajes comienzan a convencer más que un científico virólogo que recomienda hacer lo que la ciencia manda. Esta competencia innecesaria entre la razón estudiada, y las razones popularizadas por personajes cantinflescos hacen concluir que, en realidad, la estupidización total de la sociedad está llegando a niveles estratosféricos que ahora afectan directamente a la salud pública, al bienestar social y si, está matando gente.

No me queda más que recomendar certeras lecturas que nazcan de estudiosos de la materia, porque se merecen un oído atento y una comprensión lógica para determinarnos diariamente y tomar decisiones acertadas, descartando de una vez por todas a los seudo conocedores del todo que no han tenido la valentía y destreza de aprender algo, menos aún, especializar su conocimiento en una materia especifica.

La ciencia como cúspide de la invención humana, nos ha llevado a la luna, literalmente; hemos creado civilizaciones alejadas de la tiranía de la fuerza y hemos encontrado en el estudio de las artes y la verdad certera conclusiones que hoy nos llevan a conducir automóviles, volar en aviones, entender la mente humana y la propia naturaleza. Esto a la gracia divina del conocimiento humano que solo se es reconocido por años de investigación.

No puede, no debe, no tiene que ahora ser contrarrestado con teorías ridículas de las fabulas andantes de cuenteros con poca preparación académica que lo único que están haciendo es convencer por un like, sin haber pasado por lo menos por una vista rápida a un libro repleto de conocimiento.

La pandemia se está combatiendo desde la ciencia, esta debe ser escuchada y silenciar a quienes con muy poco esfuerzo derrumban toda una historia de razón. Es penoso tener que pedir algo tan básico y simple, pero es necesario en una sociedad donde reina el payaso con verbo amigable.

Vacúnese, lea más, analice más, aprenda todo lo que pueda. Esto ahora es vida o muerte.

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