Crisis para aprender

- 10 de octubre de 2019 - 00:00

Octubre está resultando un mes decisivo para poner cada cosa en su lugar. Sus primeros días permitieron que afloren las verdaderas intenciones de muchos actores políticos, permitiéndole al país tener mayor claridad sobre ellos.

De igual forma ha mostrado las inequidades sociales que se mantienen en forma de lastre sobre ruedas. También fluyeron la solidaridad, el respaldo y la fe de nuestra gente, evidenciada en esa oración grupal de policías, fundidos en un solo abrazo en la Plaza Grande.

Con el anuncio de la eliminación de los subsidios a los combustibles por parte del presidente Lenín Moreno, el sinceramiento no solo llegó a sus costos, permitió reconocer realidades políticas y clasistas. Lo primero que resaltó es la vergonzosa existencia de una casta gremial al volante. Argolla a la cual el correísmo le entregó las escuelas de conducción sin regulación, volviéndolos más ricos, incluso a costa del aumento de siniestralidad en las carreteras.

El correísmo, revisador de todo, nunca les revisó las frecuencias, peor abrió el servicio de la transportación a un concurso donde prime la calidad del servicio y seguridad del pasajero; por el contrario, les entregó más frecuencias a la argolla de siempre. Una casta al volante que incluso está exenta de afiliar a sus choferes al IESS. Así nomás.

Otro elemento que se evidenció es la tradicional deslealtad política de cierta jerarquía partidista para con el país. Escuchar a la Alcaldesa de Guayaquil respaldando las protestas de los choferes sin dar alternativas más que la crítica simple, luego del pedido de Gabriela Rivadeneira llamando a la desestabilización, resultó lamentable para el país en ese momento. Como penosas fueron las arengas de los “cojones” que Jaime Nebot brindó al bajar del avión.

Al correísmo lo conocemos, sabemos que se da la mano con lo peor del mundo, que es capaz de incendiar el país con tal de que su líder no termine sentenciado, pero con ciertos líderes políticos no dejamos de sorprendernos ni de aprender. Ahora le toca al gobierno de Lenín Moreno recoger el mejor aprendizaje de todas estas protestas. (O)