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Ecuador/Sáb.27/Nov/2021

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Mariana Velasco

¿Octubre bajo amenaza?

13 de octubre de 2021 00:46

La disgregación del pueblo es aterradora, el desmembramiento del tejido social es continuo, sumidos en una violencia inédita, crisis y terror en el sistema carcelario, llamados a la resistencia, corrupción inenarrable, división en cada rincón del país, sumado a la pandemia, falta de empleo y crisis económica, describen los escenarios del Ecuador que el gobernante debe enfrentar. ¿Está preparado para ello?

No paran las amenazas de un nuevo Octubre 2019, para obligar al gobierno retornar al subsidio de los combustibles. Por las buenas o por las calles, parece ser la consigna de un dirigente indígena que aupó a movimientos sociales y aliados del correísmo, para con el efecto sorpresa, por once días, causar daño, generar caos y arrasar con todo lo que pudo en la capital de los ecuatorianos. Hubo ausencia de autoridad, el ex alcalde ( Jorge Yunda) prefirió no mirar para no actuar.

A octubre 2021, la factura llegó. Yunda ya no es alcalde. Los indígenas y sus movilizaciones ya no provocan reacciones de solidaridad porque los violentos causaron daño político a su movimiento, además de que un país tan golpeado no está presto a otra aventura por pujas que se hagan desde el socialcristianismo, correísmo, algunos cuadros del movimiento indígena y uno que otro movimiento social.

Es un luctuoso aniversario al recordar que el descontento social llevó a miles de personas a manifestarse en Quito y cuál mecha encendida se regó por diferentes partes del mundo. Quedó en evidencia los propósitos políticos de desestabilización y ruptura del orden constitucional. Su sombra aún nos persigue.

Aquí entra el periodismo serio y de investigación, más no el de travesura (hoy farándula) como alguna vez en el siglo pasado, definió Ramón Maria del Valle –Inclán para explicar la relación simbiótica que existe entre la política y el periodismo, que sin duda son actores claves en toda democracia.

El desafío del periodismo es mantenerse crítico y no actuar de altavoz de mensajes –sensacionalistas, sesgados o propagandísticos–, sino dándoles contexto y refutándolos cuando son falsos. Sin intermediación periodística, la calidad de la democracia empeora, aunque los usuarios de las redes sociales digan lo contrario.

El periodismo trabaja para romper con los relatos inverosímiles sobre todo cuando la imagen desplaza a la palabra, aún cuando lo que qué mira no es real. En la post verdad, para muchos, los hechos no cuentan pero sí, sensaciones y emociones. Es terreno fértil para políticos y populistas de derecha o izquierda.

La labor del periodismo busca ofrecer información veraz y plural qué, aunque tome más tiempo el investigar, contrastar y contextualizar, es información segura. Es cierto también que, desde que afloraron las redes sociales, los seres humanos buscan romper de alguna forma la intermediación al usar plataformas de twitter, facebook, Instagram y otras para convertirse en protagonistas de contar historias.

En este siglo, el riesgo para el periodismo son los bulos, fake news y la emergencia de populismos – derecha, izquierda– que tratan de desacreditar la labor qué, unidos a los prófugos de la justicia, amenazan al periodista y sus familias pretendiendo amedrentar y silenciarlo.

Desde el periodismo y la sociedad civil, se hace urgente machacar en los políticos, dirigentes de organizaciones sociales los ‘Siete principios de la Función Pública de Max Weber basados en la ética del poder y la convicción, integridad, responsabilidad, transparencia, honestidad, liderazgo y objetividad.’

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