Nuestra historia no es el pasado

- 29 de noviembre de 2017 - 00:00

Énner Valencia Lastra no representa la historia, él, con su andarele futbolístico, lo es y recrea el imaginario del esfuerzo individual goleando, sin apenas fallar, a las adversidades del estereotipo negro. Un día hizo la del cimarrón: buscar su madre de Dios con los materiales históricos e intuitivos de la ancestralidad. Es Énner y quienes emprenden esa búsqueda individual del éxito y la glorificación subjetiva de la comunidad.

La sociedad dominante perpetúa las limitaciones por medios educativos y establece la marginalidad del “taparrabos”. Inventa la historia nacional ecuatoriana desde la exaltación de sus próceres con el “noble” fin de instituir el olvido histórico en la memoria colectiva afroecuatoriana. Así pues, la resistencia de los mineros, mujeres y hombres del Cachaví, Wimbí y Playa de Oro vale nada en comparación con los que llegaron al último para concluir el 5 de agosto de 1820.  

La carretera de salida de Esmeraldas hacia Quito y Guayaquil empezó a construirse a mediados de los años 50 del siglo pasado; antes, el viaje era por mar, de cabotaje. Tres nombres fueron a buscárselas porque la fama es un resplandor efímero y reservado a pocos. Ricardo Valencia, Miguel Castillo y Carlos Cañola desembarcaron en la provincia del Guayas a futbolear en el Milagro Sporting y en el 9 de Octubre. Empezaba la bonanza bananera y las leyendas portentosas de los futbolistas estibadores. Los mosqueteros de A. Dumas fueron cuatro y el cuarto de estas líneas de miércoles fue Servando Madrid que apareció por el Macará de Ambato.

La historia no es el pasado y si alguien cree que es ciencia, entonces, depende de si se toman unos relevos sociales, culturales, espirituales e intelectuales. Una sucesión de oportunidades para sobrellevar avatares, con triunfos y derrotas hasta prevalecer. O es historicidad por el conjunto de circunstancias para la continuidad, libre y vital, de la comunidad afroecuatoriana en actos colectivos e individuales. (O)