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Ecuador/Vie.15/Oct/2021

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José Velásquez

“No te preocupes: Vamos a hacer algo”.

06 de septiembre de 2021 07:09

El teléfono sonó a las 6:27 de la mañana. Deena Burnett despertaba ese 11 de septiembre a la pesadilla del mundo occidental. Su esposo Tom había abordado el vuelo 93 de United Airlines  desde Newark, en la costa este de Estados Unidos, a San Francisco, al otro lado del país.

“Estoy en un avión que ha sido secuestrado (…) Acaban de apuñalar a un hombre (…) Uno de los secuestradores tiene un arma  y nos están diciendo que hay una bomba a bordo. Por favor llama a las autoridades”. Tom Burnett llevaba seis semanas en viaje de negocios vendiendo implementos para tratamientos cardiacos. Quienes lo conocieron lo describen como una persona motivada, competitiva y robustecido con altos valores de justicia.

Siete minutos después de la primera llamada el teléfono volvió a sonar. “Están en la cabina. Dicen que van a estrellar el avión. El hombre al que apuñalaron murió; intenté ayudarlo pero ya no tenía pulso”. Deena le explicó que había visto en televisión que dos aviones habían impactado a las Torres Gemelas en Nueva York. Él le comentó que la nave estaba dando la vuelta pero que estaba yendo hacia el sur.

Hubo una tercera llamada y ella le contó nerviosa y de manera atropellada que otro de los objetivos había sido el Pentágono. “Tenemos que hacer algo. Estoy armando un plan”, dijo el hombre de negocios de 38 años y padre de tres niñas.  La última llamada fue a las 6:54 hora de California (tres horas menos que en la costa este) y ambos hablaron brevemente de la familia. “Vamos a tomar el control del avión. Si van a estrellarlo tenemos que hacer algo. No te preocupes, vamos a hacer algo” y se despidió.

El avión de United se dirigía a la Casa Blanca pero cayó decenas de millas al norte, en una zona rural del estado de Pensilvania. Tom Burnett es considerado el líder de la rebelión de los pasajeros que se enfrentó a los secuestradores, aunque su acto de valentía le costó la vida. Su frase “hacer algo” ha sido recogida como un lema de proactividad cívica en escuelas y organizaciones de ayuda.

Un plan forjado desde la fuerza desarticulado por el sacrificio espontáneo. Una trama perversa desmentalada por la nobleza de un acto desinteresado. Dos décadas después de los ataques terroristas a Estados Unidos el nombre de Burnett se escribe con mayúsculas: la historia lo reconoce y los políticos lo honran. Pero si acaso ha habido una constante en estos 20 años es la inacción de las personas que tuvieron la oportunidad de rediseñar un mundo mejor y no lo hicieron.

En este tiempo el planeta se ha seguido deteriorando aceleradamente, a las niñas las siguen secuestrando de las escuelas en África, los corruptos se siguen fugando, el racismo se acentúa y las posturas radicales (religiosas y políticas) suman adeptos. Crece la desinformación, aumenta la pobreza y el tráfico de personas, drogas y armas vive una luna de miel. Por supuesto, jugarse por una postura suele ser un camino sin regreso y el costo personal puede ser demasiado alto. Por eso no abundan las GretaThunberg ni los Martin Luther King.   

“Hacer algo” no es una invitación tatamueza para pasarse la vida petardeando procesos ni es un canto gratuito a la insurrección. Más bien es la propuesta a tender una mano al vecino o aportar en una minga comunitaria en favor del bien común. Hacer algo por los demás en una cultura que nos amenaza con su individualismo mediocre. Hacer algo en la vida real y no en esa órbita virtual donde se despojan de la persona para enaltecer al personaje. 

Burnett decidió actuar sabiendo que las autoridades no iban a tener respuesta. Es la sociedad civil la que, con compromiso y sentido común, debe dar un paso al frente cuando la necesidad supera la capacidad estatal. Se sataniza la posibilidad de apadrinar escuelas pero los ciudadanos necesitamos involucrarnos más y acercarnos a los temas que impliquen nuestro desarrollo y bienestar. Acabamos de ser testigos cómo en nuestra paupérrima Asamblea naufragan las posibilidades de defender a la fauna marina más vulnerable. “Hacer algo” podría llegar en forma de capacitación o a través de tareas de monitoreo e información. “Hacer algo” es votar mejor en las próximas elecciones y dejar de premiar a gente poco capacitada que vive del cargo y abuasa del poder. “Hacer algo” es criar mejor a nuestros hijos y apostar por la educación y las oportunidades. Es reaccionar urgentemente porque si no nos levantamos del asiento, finalmente nos van a estrellar el avión.     

 

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