No quiero salir

- 05 de junio de 2020 - 00:00

Han pasado 80 días de aislamiento obligatorio por causa del coronavirus, una pandemia incontrolable que afectó y sigue afectando al planeta.

En esos primeros días, nos invadió el miedo a guardarnos, a no tener contacto con los nuestros, a dejar de ver a los amigos, a no abrazarnos por algún tiempo. Se cambió radicalmente la cotidianidad y la rutina, debimos estrenar una nueva forma de vida: tele trabajo, educación virtual para niños y jóvenes; a los maestros les tocó inventar nuevas propuestas para enseñar a través de una pantalla. Ha sido todo un reto aprender a relacionarnos por medio de plataformas desconocidas para muchos, reuniones de trabajo, conferencias, talleres, nuevos lenguajes que nos ha costado descifrar. También se han abierto puertas que desconocíamos y se han ampliado las fronteras.

Hemos redescubierto rincones de la casa que se volvieron invisibles por la costumbre y el paso de los días; disfrutamos preparando juntos los alimentos, rescatamos diálogos; las páginas de los libros nos llevaron a viajes intensos. Los niños se han reencontrado con papá y mamá: juegos inventados, voces de alivio, mimos necesarios, tiempo juntos, refugio vital.

Sin embargo, también vivimos momentos difíciles de incertidumbre y preguntas sin respuesta, el futuro tambaleante y esquivo nos ha descolocado; en momentos las diferencias, la situación económica y laboral, nos han dejado perplejos.

Hemos sido testigos de la devastación, la enfermedad y el dolor de la humanidad fragmentada, frente a esta experiencia surreal e inentendible.

Hoy, ha cambiado el color del semáforo, podremos salir más, siento temor, no quiero salir… El mundo de afuera me aterra: la violencia, el racismo alentado por un sistema despiadado y feroz, un hombre negro asesinado frente a las cámaras del mundo; 90 puñaladas a un joven en Arenillas; el robo descarado y obsceno a la muerte y al dolor; los gobernantes asaltando sin pudor la esperanza de los ciudadanos; su compromiso de servicio, convertido en un botín insolente de avaricia…

No hemos aprendido nada, no quiero salir… (O)

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