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El Telégrafo
Bernardo Sandoval

Muerte cruzada o impunidad

20 de marzo de 2022 - 00:00

Vivimos la continua frustración del país inerte que combina ineptitud, corrupción e impunidad.  El conjunto de esa realidad explica la perpetuación del subdesarrollo y la imposibilidad de avanzar hacia un destino de prosperidad. No hay posibilidad de mejorar si de por medio existe un poder legislativo de vergüenza total que le tiene apercollado al Poder Ejecutivo y que, con sus reiteradas acciones, no hace sino confirmar su incompetencia y mala fe.  La Asamblea Nacional no ha dejado de sorprendernos en los últimos quince años demostrando, durante diez años una obsecuencia total al Poder Ejecutivo al punto que el mote de “alza manos” y “borregos” los caracterizó certeramente.  En los siguientes cinco años, en cambio, los mismos que alzaban las manos para aprobar los designios de su líder, se convirtieron en feroces opositores pero, en este quinquenio, al no tener por s i mismos una mayoría, han recurrido a pactar con otros partidos para lograr una eficaz fuerza de obstrucción y boicot.  Es así que se consolida la triple y vergonzosa alianza de UNES, PSC y Pachakutik, a la que torpemente, la Izquierda Democrática, les ha sido funcional, en ocasiones.

 

El Poder Ejecutivo, opaco, por cierto, con poca conexión con la ciudadanía y una comunicación deplorable, va perdiendo rápidamente el capital político que merecidamente acumuló con una excelente campaña de vacunación. En esas condiciones, el gobernar en los tres años y dos meses que le quedan, va a ser una tarea frustrante, marcada por la inestabilidad y la incertidumbre de su propia existencia.  

 

El seguir criticando el carácter ignominioso del entendimiento entre enemigos naturales, los autodenominados izquierdistas -los revolucionarios ciudadanos-  y los actores de la derecha nacional - los socialcristianos-, juntados ambos grupos con los denostados “ponchos dorados” y “habitantes del páramo”, como fueron despectivamente llamados por unos y otros, no va a cambiar nada.  Esa vergonzosa alianza está dada y nada más ratifica la podredumbre de la política nacional.

 

Está muy claro que UNES es el que más se beneficia de la entente pues lo que busca es la impunidad con el poder de la nueva mayoría y las autoridades de control y aprovechan el resentimiento y la torpeza de sus aliados circunstanciales.  Sin embargo, la vergonzosa amnistía de los delincuentes de octubre de 2019 del sitio y destrucción de Quito podría ser, si es bien aprovechada por el gobierno, el argumento fundamental para el descrédito de la triple alianza y su posible final.

 

El gobierno no puede vivir chantajeado, maniatado y vilipendiado por los tres años que le quedan. Tiene el recurso de la muerte cruzada y la situación ha llegado a un punto en la que hay que asumir el riesgo.  Si el señor Lasso quiere trascender, no puede excusarse en manifestar que no le dejan gobernar. Él tiene que asumir la decisión, disolver la Asamblea y convocar a elecciones legislativas y presidenciales como lo faculta la Constitución. Él tiene que decidir si quiere apenas sobrevivir en el cargo, víctima de chantajes y observando el avance sistemático de la impunidad o atreverse a una contienda electoral para poder gobernar con oposición, pero sin obstruccionismo.  Es un riesgo calculado, sin duda.  La alternativa es la parálisis del Ejecutivo y la certeza de la humillación por parte una Asamblea vergonzosa.  La propia Asamblea le ha dado el caballo de batalla: la repudiable y repudiada amnistía.

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