A mis amigos libaneses

- 17 de agosto de 2020 - 00:00

Nos elegimos mutuamente. Ellos dejaron su Mediterráneo y nosotros les ofrecimos nuestro río.

Los que llegaron primero huían de los abusos del imperio otomano; los que vinieron después dejaban atrás el horror de las guerras. En algunos casos fue el azar migratorio y en otros, un objetivo marcado cuidadosamente en el mapa. Llegaban en barco desde Panamá, con un fardo de mercadería y los datos apuntados de algún amigo o pariente.

A Guayaquil llegaron los ingleses, los catalanes, los vascos, los italianos y los chinos. Pero los libaneses calzaron en la ciudad como cuando se abraza a un amigo de toda la vida. Posiblemente era su vocación mercantil o su resiliencia, hasta que don Nicasio Safadi le puso música a una declaración de amor.

Guayas triplica en tamaño al país del cedro y los fenicios. Y desde aquí partieron a otras provincias para seguir construyendo, elevando e impulsando desde lo público y lo privado. Su influencia en la historia de nuestro Ecuador, para bien y para mal, ha sido innegable.

Claro que hay varios matices de Bucaram, Azar, Isaías y Adum. Nadie debe responder por los pecados ajenos de quienes llevan el mismo apellido. Los antihéroes salpican pero no manchan porque los descendientes de libaneses son, por lo general, gente seria y de trabajo.

Cuando una explosión devastó la zona portuaria de Beirut, la diáspora se activó en todo el mundo para enviar ayuda a organizaciones civiles. El país abatido por la tragedia atraviesa además una contracción económica que se endosa a los banqueros y que se lucha en la calle con intensas manifestaciones. Se vive también una crisis humanitaria en la vecina Siria y se estima que Líbano acoge a cerca de un millón y medio de refugiados. Hay elecciones a la vista sin que abunde la confianza en la clase política. Quizás nuestros países son más parecidos de lo que pensamos.

Sé lo que se siente levantar un hogar lejos de las raíces y sentir desilusión cuando las cosas tampoco marchan en el país adoptivo. Ojalá veamos un 2021 prometedor en ambas orillas y convirtamos este presente devastador en una oportunidad para ponernos detrás de un proyecto sostenible. Como decía el escritor libanés Khalil Gibrán “solo se llega al alba por el sendero de la noche”. (O)

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