Mira quién habla

- 14 de agosto de 2018 - 00:00

Néstor Kirchner no puede ser retirado de ahí, ni el cínico pronunciamiento del alcalde Rodas logrará detener el paso del ex presidente de Argentina. Es que fueron los presidentes de la región, los doce de la América del Sur, los que pusieron ahí su estatua, en la mitad del mundo, a un lado del edificio sede de Unión del Sur. Eran otros tiempos, sí claro, tiempos de sueños y utopías, de soberanía y dignidad.

Hoy están otras mentes, subordinadas, que no creen en la coordinación entre iguales para enfrentar a lo que se impone desde el Norte; son voces que acolitan esos fatales designios.

Esas mismas mentes, con alardes autoritarios, que recuerdan épocas de violencia fascista, creen estar por encima del derecho internacional, de los códigos de la diplomacia multilateral. Pronto nos espetarán: ¡abajo la democracia! Discurso que expresa una violencia extrema porque niega a los otros, discurso que encierra enorme provocación.

Fueron otros once los que se dejaron engatusar por la envolvente labia de Hugo Chávez, ahora dicen, como si los otros presidentes eran una sarta de tontos, que estaban ahí solo para levantar el dedo. Es el colmo tanto irrespeto, tanta estulticia.

Ese inmueble y esos terrenos gozan de inmunidad diplomática, como los de Naciones Unidas, o los de la OEA. En el multilateralismo se ventilan temas en los que se parte de casi cero, solo el respeto y una gran paciencia permiten avanzar. En esos escenarios la humanidad se ha ahorrado conflagraciones, no todas, y por muy torpe que sea una posición nadie se ha atrevido a decir que tal estatua no me gusta y debe ser retirada, nadie.

Tampoco se ha escuchado al alcalde De Blasio, de Nueva York, por ejemplo, acolitar absurdos y violar la soberanía del espacio de Naciones Unidas y derribar monumentos asentados ahí, solo porque a unas mentes de otras épocas, del colonialismo, les invade un absurdo capricho.

Pero advertidos estamos de los recursos que están dispuestos a utilizar en el afán de mantener viva esta atmósfera del escándalo como método. Es una matriz que ha venido de afuera, porque responde a los mismos patrones ya utilizados en otros contextos, solo que Ecuador luce escenario de ensayo con otros elementos, como si fuese un laboratorio político, de la peor violencia, sin tanques, sin botas, sin balas: controlar la matriz desde donde se generan los discursos es la cuestión. Otra vez los medios, el entretenimiento, las redes, son el corazón de ese laboratorio.

Hay que sacarlo a Kirchner, dijo el alcalde de Quito, por los actos de corrupción dizque cometidos: mira quién habla, me dije asombrado. (O)

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