Migrantes: campo de fuerza

- 08 de noviembre de 2018 - 00:00

Aunque las migraciones han sido un fenómeno social constante, quizás es la primera vez que el mundo observa la formación de conglomerados instintivamente organizados, formando verdaderos campos de fuerza listos a usar el músculo colectivo, para derribar barreras y atravesar las fronteras territoriales.

Visto así, lo que está ocurriendo, al menos en el caso de Centroamérica, es una rebelión de masas, el primer síntoma de una reacción social, que se produce en los países con mayor desigualdad y tensión entre sus “clases sociales” opuestas, un anticipo de lo que puede venir.

El sistema histórico capitalista logró expandirse a lo largo y ancho del planeta, llevando en sus ancas la contradicción fundamental entre capital y trabajo, lo que deriva en constantes crisis, cada vez más difíciles de superar, debido a la imposibilidad real del crecimiento continuo e infinito, la concentración del dinero en pocas manos, la desaparición de economías agrícolas de subsistencia y la dependencia del consumo y el consumismo.

Millones de desempleados y aun empleados precarizados, buscan incrementar sus ingresos, para atender no solo sus necesidades básicas alimentarias, sino también las deudas, el grillete más efectivo para la privación de la libertad, que ha creado este sistema inhumano y asocial.

Lejos de entender la médula del problema, los Estados líderes del capitalismo global saquean a los países más débiles por medio de préstamos o mediante la sobreexportación de sus mercancías. En El Salvador, uno de los países centroamericanos de donde salen las caravanas de migrantes, la mayor población se encuentra en el campo, donde se rompieron las cadenas de agricultura de subsistencia, para dar paso a una economía basada, sobre todo, en el comercio y la especulación financiera.

La evidencia más clara de este modelo se encuentra en las fantasiosas cifras de su crecimiento PIB, que sobrepasó el 6% a finales del siglo XX, allanando el camino para la crisis.

Es difícil no ser fatalista frente a los hechos palpables que se producen, además, a escala global. Lo nuevo no es la migración, sino la decisión de grandes conglomerados de caminar en masa para traspasar las murallas donde se acumula el capital y el poder, enfrentar una lucha desigual y colocar sus miles de corazones frente a rifles de precisión. Una nueva historia está empezando, algo está muriendo. (O)